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LA EVOLUCIÓN DE LOS CASCOS ROMANOS (1): REPÚBLICA Y BAJO IMPERIO. EL MONTEFORTINO

Escrito por Tomás San Clemente De Mingo on . Escrito en Antigua

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LA EVOLUCIÓN DE LOS CASCOS ROMANOS (1): REPÚBLICA Y BAJO IMPERIO. EL MONTEFORTINO

MARCO ALMANSA FERNÁNDEZ. A.C. Experimental Antiqva Clío

 

El presente artículo (dividido en tres partes) pretende hacer una comparativa de la evolución del armamento romano defensivo, en nuestro caso, el casco o galeus del que trataremos a continuación. El hecho de haber elegido tres cascos (Tipos: Montefortino, Gálico-Imperial y Spangenhelm), se debe a que en un periodo largo de la historia de Roma, desde el s. III-I a.C. hasta el s. IV d.C., se tuvo que cambiar de modelo en varias ocasiones, algo que antes ni después de estos siglos señalados, parece producirse con tanta asiduidad. Sí existen variaciones y evoluciones de un mismo casco, por ejemplo en el Bajo Imperio, con otros cascos como el tipo Buch o el Burgh Castle, etc.
Estas protecciones de la cabeza ofrecen rasgos diferenciales que hacen preguntarse el porqué de dichos cambios. Podríamos ver varias situaciones de dicha modificación:

I. Nuevos enemigos, galos, celtas, germanos, dacios, etc.
II. Nuevas armas enemigas, fundamental para entender las protecciones romanas.
III. Formas nuevas de combate y armamento romanos.

Estos elementos, no podemos estudiarlos por separado sino en conjunto, son fundamentales para entender ciertas añadiduras y cambios que se hacen en este tipo de protecciones romanas.

En primer lugar, tendríamos a unos nuevos enemigos y su armamento que al principio, harían estragos contra el ejército romano, véase otro tipo de armas, como el gladius hispaniensis que tanto daño hizo y que fue adoptado por los romanos para su propio uso, como nos dice Tito Livio (Liv. XXXI, 34, 4-5) o Polibio (Pol. VI, 23, 6-7) y la Suda (Suda, fr. 96, polibiánico). En el caso de los cascos (no usamos el término yelmo, ya que éste vocablo define mejor el tipo de protección para la Edad Media) ocurriría un caso similar, ya que las armas enemigas, de galos, celtas, germanos, dacios por su forma de combatir hicieron que se acelerasen las modificaciones en las protecciones romanas en su conjunto. La característica común a todos los cascos, es que todos ellos van forrados, interiormente, por el llamado sotocasco, de fieltro o lana (Amiano XIX, 8, 8) o de cuero (“cuero de Panonia”, Vegecio, 10), que sirve para que la puesta del casco sea más cómoda, así como absorber el sudor craneal e intentar amortiguar los golpes hacia la cabeza.

El nuevo sistema de combate romano se debe a su rápida adaptabilidad contra la forma de combate enemiga. El hecho de que su modelo cambiase, no sólo en organización, las armas y la forma de combate, desde la República al Imperio y finales del mismo, se debe a una idea muy básica: ganar la batalla con las menos bajas posibles. Después ya vendrían otros pormenores como conquista, imposición de pagos, fundaciones coloniales, etc. Pero primero era sobrevivir a un encuentro con el enemigo.

Para ello, la poderosa mentalidad militar romana hacía lo que fuera para conseguir su propósito, en este caso, siendo un elemento no separable de los otros dos puntos señalados anteriormente, armas y enemigos, se modificó el sistema de combate en base a las armas utilizadas. De esa forma, el legionario imperial descendía su punto de equilibrio, luchando algo más agachado que en épocas anteriores, permitiendo que el guardanuca tope con las hombreras de la armadura, quedando el borde del escudo a la altura de los ojos, creando una pared completa entre grebas, escudo y casco, posibilitando que la propia espada romana tuviera un recorrido más concreto y corto. El escudo, por no tratarlo aquí por su complejidad, también serviría como ataque y defensa. De hecho, cumple la función perfecta para cubrir; por su forma en teja, el frente y laterales del soldado romano.

Si repasamos la historia de Roma, desde el s. II-I a.C. hasta el s. IV d.C. nos encontraremos que los romanos se enfrentaron a enemigos de espada larga, más altos que la media de altura romana (1,70), por lo que casi todos los golpes irían a la zona de la cabeza. Esto sumado a que, espadas galas de Tipo La Tène tardías (ss. II-I a.C.) como la de Ampurias (Gerona) podían medir unos 80-90cm de hoja, aunque Polibio nos diga que se doblaban (Pol. II, 33, 3-6), un primer golpe podía hacer mucho daño. Este tipo de armas y por su forma de combatir, de golpes tajantes de arriba abajo o lateral, debió suponer un gran trauma para unos romanos que desconocían esta forma de combate. Para ello, Roma evitó las muertes masivas que podrían producir estos enfrentamientos, con la adaptabilidad del equipamiento defensivo al nuevo sistema de combate enemigo.

En nuestro caso, la protección craneal, debemos comentar que no es lo mismo el enemigo del romano que usa el Montefortino que el que usa el casco tipo Gálico-Imperial; ya que el primero se enfrenta a galos, celtas frente al segundo que es contra germanos y dacios, así como su forma de combatir ya en el Bajo Imperio, cuyas armas son distintas desde el primer caso al tercero. De ahí que el ejército romano modifique sus cascos, entre otras protecciones. Viendo esto, veamos qué cambios y qué adaptabilidad tienen cada uno de nuestros tres cascos a analizar. Siempre basándonos en la clasificación de H. Russell Robinson en su obra The armour of imperial Rome de 1975.

EL MONTEFORTINO.

monfo

Viendo el tipo Montefortino C (habiendo muy pocas variaciones entre el A-F), es el que presenta una menor evolución dentro de este tipo. Si uno se fija en este tipo de casco, se puede observar que tiene un cubrenucas pequeño, de unos 4-5cm en su parte más ancha que se estrecha según se acerca a los laterales, con unas amplias carrilleras y una novedad frente a cascos anteriores, como el ático-corintio, que es el comienzo de una protección frontal, justo en el borde de la calota, que rodea todo el canto de la misma. Tampoco existe ninguna otra protección adicional en el casco.

Yendo por partes, un cubrenucas estrecho nos indica que el tipo de enemigo (cartaginés, ibéricos, griegos del sur itálico, samnitas, etc.) con el que se enfrentaba Roma, no utilizaban apenas la técnica combativa de atacar de arriba abajo, ya que al resto del cuerpo tendría más facilidad de dañar (recordemos que quien solía llevar estas protecciones en el s. III-II a.C. eran hastati o triarii, quienes tenían menos protección corporal que un princeps, quienes podían llevar una armadura completa, lorica hammata), por lo que no le era necesario atacar por la espalda o a la nuca.

Las carrilleras, algo más grandes que otras anteriores e imperiales, hacían que algunos golpes no fueran a la cara, bien puede deberse a que el enemigo podía tener, aparte de la espada, una dory o sarisa, si se luchaba contra griegos o algunos tipos de soldados cartagineses u otros, y cuyas carrilleras protegían de estos golpes laterales. Pero estas carrilleras no sólo sirven para evitar golpes de espada, sino que evita el golpe frontal del propio escudo del legionario, ya que el borde de éste quedaría a la altura de la cara; de esta forma en un posible choque el casco evitaría el golpe en la cara o mandíbula. Aunque tiene la ventaja de cubrir toda la zona lateral de ambos lados de la cara, deja muy tapados los oídos, lo que hacía inevitablemente, el uso de señales visuales en detrimento de las sonoras, ya que no deja oír del todo el ruido o sonido colindante, amén del ruido producido per se por la batalla. Siguiendo las carrilleras, tiene una forma en la parte frontal muy especial, que en forma de M truncada, permite tener una zona de 180º de visión sin que la carrillera estorbe; protegiendo la zona bucal y cuello.

 

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