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LA EVOLUCIÓN DE LOS CASCOS ROMANOS (2): REPÚBLICA Y BAJO IMPERIO. EL GÁLICO IMPERIAL

Escrito por Tomás San Clemente De Mingo on . Escrito en Antigua

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LA EVOLUCIÓN DE LOS CASCOS ROMANOS (2): REPÚBLICA Y BAJO IMPERIO.  EL GÁLICO IMPERIAL

MARCO ALMANSA FERNÁNDEZ. A.C. Experimental Antiqva Clío

EL GÁLICO IMPERIAL

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Este tipo de casco presenta una evolución tecnológica muy superior a sus predecesores, también adaptada a su nuevo contexto bélico (limes germano-danubiano y Dacia), por lo que nos detendremos algo más en su explicación. Existiendo varios modelos dentro del mismo tipo con pocas variaciones, es el que más protección y adaptabilidad a la cabeza tiene de los cascos romanos. Su uso se extiende desde el s. I d.C.- principios del s. III d.C. Fabricados en hierro, ya no en bronce, de forma artesanal en la zona gala, lo que ofrece una mayor protección y durabilidad. Este casco, tiene múltiples detalles que merecen ser descritas, ya que en todas las zonas adquiere una mayor consistencia, fiabilidad y permitiéndose ya, una decoración en relieve, posiblemente policromada. Fabricados en láminas de 1´5-2mm de grosor pesando en torno a los 2-3´5kg.

Teniendo esto en cuenta, el cubrenuca se amplía hasta llegar a los 10 cm o más de anchura, pero a diferencia de los anteriores no acompaña su recorrido por todo la circunferencia del casco, sino que frena a la altura de las orejas. El uso combinado de este cubrenuca con el levantamiento de los hombros, junto con la flexión del cuello hacia ese lateral o contrayéndose en sí mismo, provoca una protección total hacia cualquier ataque que se dirija al cuello o cara. En esta zona trasera consta de una franja de escalones o pliegues en la zona vertical de la calota, que dan una protección extra cuando el soldado es atacado por la espalda o con armas curvas dacias, como la sica, la falx o la rhomphaia tracia. Este elemento del casco, tiene una peculiaridad, que en los modelos F al H, son cubrenucas rectos, siguiendo el eje de la zona frontal, mientras que otros modelos, tiene una inclinación que parece cubrir mejor el cuello. Esto supone un hueco entre la espalda y el cubrenuca que debe ser resuelto mediante otro elemento protector, la focale o especie de bufanda que protege el cuello de rozaduras y posibles tajos. Lo que se deduce, que los primeros cascos de Gálico-Imperial no se desarrollaron a lo largo de las Guerras Dacias, sino en el periodo de pre guerra Dacia (usados para las guerras contra germanos y Próximo Oriente) y al principio de la misma, continuando quizás por algún soldado, pero la gran mayoría ya reemplazarían estos modelos a otros como los I y J.

Las carrilleras consiguen proteger todo el lateral del rostro dejando libres la zona auditiva, pero protegiendo incluso parte del cuello. La forma que tienen en la parte delantera, las carrilleras, permiten, igual que en caso del Montefortino, proteger la cara, permitiendo una visión de 180º. Éstas tienen un refuerzo central para evitar la penetración de armas por esa zona y añade una protección más a la zona ocular o labial, para evitar que el metal se rasgue o quiebre por esa zona y pueda dañar las áreas a las que afecte. Aparte de que están adaptadas a la cara, teniendo una forma abombada que otorga un ajuste óptimo, evitando huecos entre el rostro y el metal. Esto permite una sujeción mejor del casco con una serie de cuerdas que van desde la nuca hasta las carrilleras, ajustado al cuello para evitar que con los golpes, se desplace el casco. Añade a todo ello, un elemento particular, un saliente en la parte trasera de la carrillera, que permite el desplazamiento del arma enemiga hacia el exterior, así como proteger mejor orejas y cuello. Además envuelven la cara, arropándola de golpes procedentes del enemigo o de choques involuntarios del propio escudo.

El frontal, tiene una visera algo más amplia, lo que denota que el enemigo seguía atacando de arriba abajo, algo que efectivamente hacían con la especie de guadaña o falx, y además con más contundencia. Es por el uso de estas armas en las Guerras Dacias, lo que obligará a perfeccionar el casco, creando el Itálico-Imperial, que ofrece, principalmente, la protección extra en la parte superior de la calota, en forma de cruz completa, como el modelo Gálico-Imperial G, que hace de guía para reflectar los golpes hacia los laterales, teniendo un refuerzo extra en la parte superior; ampliación del guardanuca y más anchura y grosor de la protección frontal, como el casco encontrado en Berzobis. Además se añade un elemento nuevo de protección metálica, bien de láminas o escamas, al soldado, en este caso en el brazo derecho, denominada manica, adoptada, parece ser, del mundo gladiatorio. Además de, en algunos casos, cambiar radicalmente de casco por uno cónico, imitando a los propios cascos dacios o asirios, como aparecen en Adamclisi, para que las falx no quedasen trabadas como en el casco plano-redondeado romano, ya descritos.

Continuando con el Gálico-Imperial, y situándonos en la calota o zona superior del casco, aflora una novedad, que son las cejas curvadas. Existe una controversia entre estudiosos y aficionados a la materia, en que esas cejas podían constituir dos funciones distintas:

1. Decorativa.
2. Refuerzo.

En el primer caso, decorativa, tenemos ejemplos múltiples que avalan a quienes defendemos esta hipótesis. Si nos fijamos en cascos de épocas republicanas ss. V-III a.C., véase el tipo de casco Ítalo-Corintio, usado por los romanos, quienes tomaron la forma funcional del casco (nasal, protección facial, apertura de los ojos) como algo decorativo; así como el Ático-Corintio que remarca profusamente las cejas alrededor de la protección facial; como a posteriori a la época imperial, nos encontramos con otros cascos del s. IV-V d.C. que desarrollan su decoración como el casco tipo Intercisa que tiene decoración en ojos o el tipo Berkasovo con una estampada de gemas en forma de cejas y ojos, o el casco de Deurne que, aunque sea de caballería, también presenta cierta decoración de ojos en piedras preciosas, entre otros cascos de época imperial.

Como refuerzo tendríamos, desde nuestro punto de vista, que descartarlo porque tras las pruebas de experimentación, el arma usada, falx, sica o el arma tracia rhomphaia no suele dar con la ceja, ya que colisiona con la visera frontal, únicamente la punta de algunas de dichas armas sí llegaría a colisionar, pero la ceja no interviene para su frenada o disminución del golpe.

Este tipo de casco carece ya del botón en la zona alta, tal como sí lo tiene el tipo Montefortino o el tipo Coolus, cuyo ejemplo lo tenemos en el casco encontrado en Sisac. Se modifica el enganche para la incorporación de una cresta enlazada a unas pequeñas argollas y un aplique, así como en algún modelo incorpora dos complementos para plumas en los laterales. Es posible que esta novedad se tratase para sujetar mejor la cresta y que no se moviese o cayese por golpes o viento, aunque el uso tradicional de la cresta se irá perdiendo en el s. IV-V d.C.

Otra novedad que tiene este casco, es la protección extra de las orejas, se debe a que por la forma de la visera del casco, los golpes con espada son repelidos o desplazados a los laterales, donde se situaría tanto el extremo del cubrenucas, así como el refuerzo en los hombros de la propia armadura. Para solucionar tajos o desvíos de estos golpes, los romanos protegieron la oreja para pararlos, procedente del frente o del lateral, topando con dicha protección.

 

SALUDOS

 

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