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ENCUENTRAN LOS RESTOS DE FILIPO II, EL PADRE DE ALEJANDRO MAGNO

Escrito por Tomás San Clemente De Mingo on . Escrito en Antigua

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FUENTE: elmundo.es

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ENCUENTRAN LOS RESTOS DE FILIPO II, EL PADRE DE ALEJANDRO MAGNO

MIGUEL G. CORRAL

En torno a la pequeña localidad griega de Vergina gira el mito de uno de los personajes clave de la historia de Occidente. Desde la propia villa, se pueden divisar en la llanura un conjunto de montículos de tierra, que ya antes de los años 70 fueron identificados como túmulos funerarios de la aristocracia y la realeza macedonia del siglo IV antes de Cristo. Es el llamado Cementerio de los Túmulos. En 1977, un arqueólogo griego llamado Manolis Andronikos excavó el mayor de los túmulos de Vergina sin saber demasiado bien qué podría encontrar. Pero se topó de bruces con una tumba maravillosamente conservada.
Alrededor de aquel año, él mismo localizó otras dos tumbas en aquel montículo, una de ellas también muy bien conservada y la otra, que albergaba unas impresionantes pinturas que representaban la escena del rapto de Perséfone, violada y expoliada con anterioridad. Durante las excavaciones, los arqueólogos encontraron restos de varones adultos humanos tanto en la magnífica e intacta tumba hallada en 1977 -llamada tumba II-, como en la que albergaba el fresco de Perséfone, la reina del Inframundo en la mitología griega -tumba I-. Además, encontró junto a ellas un santuario dedicado al culto a los muertos y que inmediatamente llevó a los especialistas a pensar que sería para honrar al personaje que acogía la soberbia tumba encontrada en 1977.
Desde entonces, el propio Andronikos asumió que el magnífico e intacto sepulcro número II correspondía al de Filipo II, el padre de Alejandro Magno y un personaje central en la cadena de acontecimientos que llevó al gran estratega que fue su hijo a doblegar a los persas alrededor del año 330 antes de Cristo.
Sin embargo, parece que durante décadas tanto Andrónikos, como el resto de especialistas que asumieron sus conclusiones como ciertas estaban equivocados. El rey Filipo II, según los documentos históricos de su reinado, sufrió una grave herida a consecuencia de un lanzazo que le atravesó al rodilla, le dejó cojo y estuvo a punto de costarle la vida en el año 339 antes de Cristo, tres años antes de ser asesinado en la capital de Macedonia por uno de sus guardias personales ofendido por una resolución del rey que le afectaba.

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                                                         PIERNA IZQUIERDA DE FILIPO MOSTRANDO EL AGUJERO CAUSADO POR UN LANZAZO

Una investigación dirigida por el antropólogo de la Universidad Complutense y codirector de Atapuerca, Juan Luis Arsuaga, y por el investigador griego de la Universidad de Democritus Antonis Bartsiokas acaba de poner las cosas en sus sitio y ha demostrado mediante modernas técnicas de antropología forense que en realidad Filipo II, no era el individuo de la tumba II, sino el de la tumba I, cuyos restos óseos mostraban una lesión en la rodilla -anquilosis- y un orificio en los huesos compatibles con aquel lanzazo que le dejó maltrecho.
Además, el padre de Alejandro Magno no estaba solo en su tumba, sino con una mujer joven y con un bebé de corta edad. En el momento de su muerte a manos de su guardaespaldas en el año 336 a.C., Filipo II estaba emparejado con su séptima mujer, Cleopatra, que debía contar en aquel momento alrededor de 18 años de edad. Ambos habían tenido un hijo en común que no sería muy mayor. Los historiadores cuentan que Olimpia, la madre de Alejandro Magno y una de las esposas anteriores de Filipo II, mandó matar a Cleopatra y a su hijo tras la muerte del monarca por mero rencor personal.
«La anquilosis de rodilla y el agujero a través de ella encajan perfectamente con la herida penetrante y con la cojera que sufría Filipo II, lo que permite identificarle como el ocupante de la tumba I de Vergina», cuentan Arsuaga y Bartsiokas, junto con otros tres colegas del Centro de Evolución y Comportamiento Humanos (UCM-ISCIII) que dirige Arsuaga, en el estudio publicado en la revista científicaProceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
Durante el trabajo de laboratorio, los investigadores trataron mediante diferentes técnicas de averiguar la edad aproximada del varón de la tumba I para saber si encajaba con la que tenía Filipo II en el momento de su muerte, quién vivió bastante más que su célebre hijo Alejandro Magno que no pasó de los 32 años. Los antropólogos realizaron pruebas de estimación de edad en hueso seco, conteo de las líneas de la epífisis -los extremos de los huesos largos, usados para contar años como si de los anillos de un árbol se tratase- y análisis de dientes y todas ellas dieron resultados muy dispares, pero los autores del estudio concluyeron que los restos debían rondar los 45 años de edad en el momento de su muerte. «La edad estimada de los tres ocupantes de la tumba es consistente con la que se deriva de las fuentes históricas», dicen los autores.
"Esperamos que los griegos se sientan inspirados por estos líderes del pasado y que entre todos seamos más capaces de lidiar con la crisis actual", explica Antonis Bartsiokas a EL MUNDO. "Puede incluso tener un beneficio económico si el Gobierno decide organizar excursiones procedentes de todo el mundo para exhibir estas piezas y contar esta fascinante historia", asegura.
Las pruebas forenses también revelan que el bebé nació pocos días antes del asesinato de Filipo II y que tanto la mujer como el bebé murieron poco después que el monarca, lo que concuerda con el relato que la historia cuenta de Cleopatra y su hijo.
De hecho, el estudio ha permitido averiguar también quién era el ocupante de la tumba II y, según el estudio, en ella podría haber alguna armadura de Alejandro Magno, cuyos restos se ha admitido que descansan en la tercera tumba hallada por Manolis Andronikos en el mismo túmulo en el que está su padre. Aunque quizá los nuevos CSI de la antropología forense lo desmientan algún día.

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