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ENTREVISTA A MONTSERRAT CLAROS SOBRE "HIJO DE ACERO"

Escrito por Tomás San Clemente De Mingo on . Escrito en Blog

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ENTREVISTA A MONTSERRAT CLAROS SOBRE "HIJO DE ACERO"

JAVIER YUSTE

 

Hace ya un tiempo que os presentamos en Historia Rei Militaris a la autora de novela histórica Montserrat Claros. Fue en el número de nuestra revista HRM de diciembre de 2012. No habría apostado un solo céntimo si me hubieran dicho que ya ha pasado tanto tiempo, creía que la fecha era más cercana, y es que el tiempo vuela y, en muchos casos, permite que los escritores vuelvan a ser nombrados en nuestras páginas por motivo de nuevos y felices alumbramientos literarios.
En 2012 fue “La biblioteca del capitán” (De Librum Tremens), una obra que mezclaba ficción y realidad, tomando como eje la renombrada expedición de Malaspina en el s. XVIII. Pero, ya en 2014, Montserrat viene a sorprendernos con una nueva novela, que gira bajo el título de “Hijo de acero” (Goodbooks) y que se centra en aquello que acabó torciendo el magnífico proyecto de submarino de Isaac Peral.
Querida Montserrat, gracias de nuevo por prestarnos un poco de tu tiempo.

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                                                                                      MONTSERRAT CLAROS

1. Llámame raro, pero el pasar de la vela al submarino es poco menos que un salto estratosférico argumental en tu carrera literaria asentada en la Historia de la Armada española. ¿Querías sorprender a tus lectores? ¿Qué te ha impulsado dejar a Malaspina y centrarte en Isaac Peral?

La que tiene que darte las gracias soy yo, Javier, por darme la oportunidad de hablar sobre “Hijo de acero” para los lectores de HRM. Así que, muchísimas gracias. Y dicho esto, te contesto. Puede parecer raro un salto argumental tan drástico, pero todo tiene una explicación. Cuando terminé de escribir La biblioteca del capitán, no podía dejar de pensar y leer sobre la expedición y sus protagonistas. Tanto es así, que leía libros de todo aquel que estuviese relacionado con aquella extraordinaria aventura; incluido el primer autor que dio a conocer la Memoria del Viaje de Alejandro Malaspina en España, que fue Pedro de Novo y Colson, un oficial de la Armada de finales del siglo XIX. Colson escribió, en los años veinte del pasado siglo, un libro titulado Misceláneas en el que relataba diversos episodios relacionados con la Historia Naval, el mar y sus gentes. Y entre ellos había uno en el que se contaba la peripecia de Isaac Peral durante la construcción del submarino. Allí leí, por primera vez, el nombre de Peral asociado al de Basil Zaharoff. Eso fue el detonante para comenzar las lecturas de indagación respecto a aquella nefasta relación. Y una cosa, llevó a la otra… Yo siempre he leído libros encadenados. Me explico. La lectura de un autor y de una obra concreta me ha llevado a leer otra que aparece reflejada en la primera de manera directa o indirecta y que me haya llamado la atención. Nunca he tenido un plan de lectura de obras o autores preestablecido. La propia lectura me ha dirigido por los derroteros que ella misma ha marcado. Y parece ser que con la escritura me está pasando lo mismo. Escribí “Hijo de acero” llevada por el entusiasmo al conocer, un poco más a fondo, esa oscura historia entre Peral y Zaharoff y que encontré, casualmente, cuando leía un libro relacionado con las lecturas sobre Malaspina. Es como un juego de la Oca. De oca a oca y leo y escribo porque me toca.

2. Por tanto, fue el encontrar a Peral relacionado con ese tal Basil Zaharoff. ¿Qué nos puedes decir de ese interesado conspirador?

Así es. Esa nefasta relación disparó mi interés por la increíble historia de Isaac Peral y que me empujó a narrarla en “Hijo de acero”. Y lo primero que te puedo decir del conspirador es que Basil Zaharoff es el contrapunto a Isaac Peral. Si el inventor español representa los valores que más se pueden admirar: la honestidad, el amor a la ciencia, a la investigación y al mar, el compromiso a la palabra dada, etcétera, Zaharoff es un maestro en todo lo contrario. El sabotaje, la extorsión o la manipulación perversa parecía que estaban impresos en su ADN. Pero no en su tarjeta de presentación ya que gozó de un gran reconocimiento social en todo el mundo. Zaharoff jugó un brillante papel en el escenario del mercado del armamento pesado y murió habiendo disfrutado de los honores siendo condecorado y premiado en vida por prestigiosas instituciones, cosas que, paradójicamente, no recibió Peral tras su fallecimiento. Pero, además, parece ser que hay indicios de que colaboró con la Inteligencia británica y este asunto es menos sabido y mucho menos comprobable. En “Hijo de acero” he tratado de reflejar la compleja personalidad de Zaharoff en función de lo que fui encontrando en la documentación que he manejado.


3. En tu novela nos trasportas a esos convulsos años de la España de finales del s. XIX, en la que también inventores patrios soñaban con máquinas voladoras y submarinas. ¿Cómo era esa época?

Yo sólo encuentro una palabra para definirla: apasionante. Desde el punto de vista ideológico, se fraguaron las ideas que han condicionado todo el siglo XX. Eso de, por sí, ya es asombroso. La ciencia y la religión llegaron al enfrentamiento en los severos claustros en donde discutían los filósofos. Y desde el punto de vista del desarrollo de la técnica, la revolución industrial condicionó para siempre la orientación de la ciencia y con ella, sus aplicaciones. El salto cualitativo fue gigantesco. Hoy día la tecnología va muy rápido. Estamos de acuerdo. Pero como yo digo, el desarrollo se gestiona, desde hace décadas, frente a pantallas de ordenador o similares. Pero el siglo XIX fue un siglo de revoluciones que cambiaron la manera de vivir la vida de las personas. Pero no sólo te hablo de revoluciones ideológicas y avances científicos que dieron lugar a cambios de paradigmas. Te hablo del invento del teléfono, la locomotora, la hélice de un barco o del frigorífico, que supusieron un cambio radical en la cotidianeidad de muchos. Todo esto me parece de una intrepidez muy difícil de repetir. Y aquí, en España, algunos como Peral o de la Cierva luchaban a brazo partido por no apearse de la Historia. Pero las condiciones en nuestro país, entonces, como ahora, eran paupérrimas para la ciencia en general. No interesaba la educación y el progreso de la nación. La ignorancia es un arma que, perfectamente afilada, favorece la manipulación de los pueblos. Lo sabemos todos. Y esto, el genial inventor lo pagó muy caro. Aunque en el caso de Peral, confluyeron otros factores que se convirtieron en obstáculos para él y su submarino.

4. Isaac Peral fue muy apreciado en su tiempo por el público en general, sin embargo, arrojas luz sobre unos extraños movimientos en la sombra en contra de dicho proyecto. ¿Cómo fue la reacción popular ante la pérdida de interés de la Marina en su submarino?
Generar opinión para manipular un público no demasiado atento, era, entonces, como ahora, demasiado fácil. Eso, Basil Zaharoff lo sabía de sobra y en la novela he relatado la clase maestra que este individuo dio al respecto moviendo, con destreza, los hilos necesarios para conseguir sus fines. Cuando la Marina desestimó el submarino para la Armada, hubo partidarios de esta decisión. Pero también se manifestaron los que sabían que se había cometido una gran injusticia con el inventor español. Y si me apuras, esos dos bandos aún siguen discutiendo sobre Peral. En algunos sectores se sigue difamando y calumniando al inventor. Y se han ensalzado y premiado a los que ayudaron a su hundimiento. Esto es así de triste.

5. Peral falleció frustrado y amargado y su viuda tardó años incluso en que se le reconociera una pensión. Para mí, el último insulto.

Desde luego que sí, Javier. Comparto tu opinión, absolutamente. Es más, Patrocinio de Biedma, una periodista de la época, y personaje de la novela, que en principio se manifestó como una detractora del submarino, finalmente se declaró una entusiasta defensora de Isaac Peral y fue de las pocas personas que auxilió a su familia cuando tuvo problemas económicos muy serios. Antes y después de la muerte del inventor, Biedma organizaba colectas para recabar fondos para ayudar a la familia.
En aquella época, hasta a su mujer e hijos les salpicó el empeño de silenciar la obra de Peral con la desidia de la administración por asignarle lo que les pertenecía.

6. ¿Crees que en el fondo en España hay miedo desde finales del s. XIX a ser los primeros en algo?

Tienes razón. A los gobiernos de la época, no les interesaba lo más mínimo que la población interiorizara el convencimiento de que se podía estar en primera línea en el campo de la ciencia o en el de la técnica. O en el de cualquier faceta de carácter intelectual. Una sociedad que tenga asumido el sentimiento de fracaso y derrota es una sociedad acomplejada muy fácil de manipular. Y yo creo que con el abandono y el ostracismo de un genio como Peral, se daba una lección ejemplarizante a todo aquel que quisiera sacar los pies del tiesto con innovaciones, iniciativas valientes y todo aquello que pusiera patas arriba un sistema que salvaguardaba los intereses de unos pocos. Aunque en el caso de Peral, el asunto preocupaba más allá de nuestras fronteras, con el concurso de otros países que colaboraron en el desprestigio del proyecto, bien es cierto que en España era una constante el desprecio por el la investigación y el desarrollo. Siempre que pienso en esto, recuerdo las tesis de Marvin Harris. Éste afirmaba que el medio ambiente condiciona el carácter de los pueblos. Pues bien, yo creo que tradicionalmente los países norteños han tenido más necesidad de desarrollar capacidades técnicas para subsistir en condiciones climatológicas más duras que las nuestras y nosotros, como pueblo, no hemos tenido la urgencia de la invención, y sus artefactos, para ayudarnos a aislarnos de un medio mucho menos hostil. No estoy, con este argumento de Harris, justificando nada, pero quizás, nuestro desprecio atávico por el desarrollo de la ciencia y sus aplicaciones puede que haya estado condicionado por esto, en un principio. Después, los siglos y los avatares de la Historia se encargan de sacar partido y convertirlo en idiosincrasia. Y esto, puede ser un factor más en juego para comprender lo que nos ha ocurrido hasta ahora. Además, por supuesto, del interés que se han tomado los gobernantes por mantenernos en ese limbo conformista del “que invente ellos” tan cacareado…Pero es sólo una opinión.

7. ¿Crees que si ocurriera un atropello como el de Peral en la España actual, le importaría a alguien?

Francamente, creo que no le importaría absolutamente a nadie. Te lo digo como lo siento. Sólo tienes que ver lo que le está pasando a los investigadores españoles o a las jóvenes promesas de la ciencia de cabezas privilegiadas que están emigrando a otros países, no sólo para poder desarrollar su trabajo, sino para poder comer. Eso es una realidad. En un sistema en el que no se respetan los Derechos Fundamentales y ocurren cosas como que te echen de tu casa por desahucio teniendo ochenta años, o que no puedas poner un plato de comida en la mesa precisamente para poder pagar el alquiler o hipoteca y evitar que te echen, siendo aspectos urgentes a atender en la vida de las personas, y que no se atienden, dudo mucho que alguien se ocupe de preservar y proteger la propiedad intelectual de un inventor, un científico, y no te digo ya, la de un artista, en caso de un abuso como el que fue objeto Isaac Peral. En algunos aspectos, el sistema es salvaje, y la crueldad es el arma de los cobardes que se amparan en instituciones, o cualquier otra cosa, para justificar sus tropelías. Es un sálvese quien pueda. Y si esto supone pisotear los derechos de los otros, pues tonto el último. Esto parece ser la tónica y lo que la mayoría tiene interiorizado. Siento ser tan escéptica, pero de momento, el panorama no da para mucho más.

8. De mis lecturas, sé que durante aquellos años hubo mucho miedo al submarino, quizá porque a poca gente le gustan los cambios. Curiosamente en Gran Bretaña también hubo muchos intentos para obstaculizar el empleo de esta novedosa arma en la Royal Navy. ¿Qué dices al respecto?
Los ingleses no querían ni oír hablar del submarino. De cara a la galería alegaban que el rechazo se debía a que el buque atacaba emboscado bajo el mar y eso lo consideraban indigno de un caballero inglés. A mí, ese argumento me ha parecido siempre una soberana estupidez. Eso no hay quien se lo crea. Como si la emboscada nunca hubiese formado parte de la estrategia militar. En realidad, yo creo que a lo que realmente tenían miedo era a cambiar todo el andamiaje que suponía su poderosísima industria del armamento pesado. Y sobre todo, a perder el monopolio que tenían del abastecimiento de carbón a media Europa. El uso de la electricidad, como energía de propulsión del buque de Peral, constituía toda una revolución que lo haría innecesario al resto de naciones. Negaron la genialidad del invento porque ponía en peligro sus intereses. Ya sabemos la cantidad de gilipolleces que puede llegar a decir o hacer un político para mantener en pie su chiringuito. Hubo encendidas bravatas en contra del submarino como arma de guerra por parte, incluso, del Almirantazgo. Pero en realidad, lo que se quería evitar era que un sector de la economía británica se fuera al garete por culpa de la aplicación prodigiosa de la electricidad a los buques de guerra. Fue, de nuevo, Basil Zaharoff el que entró en juego para inducir el interés de los ingleses por el submarino. Zaharoff sabía que el Almirantazgo inglés sólo contrataba armamento a empresas británicas y él, como ejecutivo, ya, de la Vickers, consiguió la patente de la Holland estadounidense, que se animaba a fabricarlos con mayor o menor fortuna, y poder, así, construir los submarinos para la marina inglesa. Zaharoff estuvo siempre detrás del cambio de mentalidad de los británicos respecto al submarino. Yo supongo que a él, le importaba bien poco que la industria del carbón se viniera abajo si su empresa lograba, por fin, fabricar el submarino inventado por Isaac Peral.

9. Yo soy de los que opinan que el carpetazo al submarino de Peral fue como el cambiar la evolución natural de la historia al matar una mariposa en la era de los dinosauros, como sucede en “El ruido del trueno” de Ray Bradbury y permíteme este, quizá, desacertado paralelismo metido con calzador. Si el submarino de Peral hubiera acabado engrosando la Marina española, los cercanos eventos bélicos, como la guerra contra EEUU de 1898, habrían tomado un cariz muy diferente. ¿Cómo crees que sería nuestro Presente si pudieras viajar al Pasado y eliminar la participación de Zaharoff?

Ojalá pudiera viajar al pasado y estar presente, por ejemplo, en las posibles conversaciones entre Peral y Zaharoff. Qué más quisiera yo, ¿verdad? Lo único que me he podido permitir es novelar esos encuentros en función de la documentación que he tenido disponible. Me resulta difícil pronosticar esto que me preguntas porque los acontecimientos históricos, aunque suelen tener unas variables comunes por los que se desencadenan, no siempre podemos estar seguros de nada. La naturaleza humana, aunque previsible, no obedece a leyes inmutables como los de la Física. Pero si tengo que fabular al respecto, creo que nuestro presente no sería muy distinto si Zaharoff no hubiese intervenido. Porque los cubanos, y también los filipinos, hubiesen conseguido su independencia tarde o temprano. Lo que ocurre es que con Zaharoff sobre el escenario, todo se aceleró bastante. Al impedir que España tuviese disponible unos cuantos submarinos en la flota, facilitó la pérdida de las colonias. Pero creo que la independencia hubiese sido reivindicada en un proceso histórico y social al uso, como las que se produjeron a principio del XIX en América. Esto, en cuanto a las colonias. Respecto a una flota compuesta de submarinos a principio del siglo XX en la Armada española…quién sabe. Quizá hubiésemos participado activamente en las dos guerras mundiales y con ello, nuestro desarrollo industrial hubiese sido muy distinto al de hoy.

10. Topándonos en el transcurso de tu novela con la corrupción, algo inherente, en mi opinión, al ser humano. ¿Has encontrado, a lo largo de tu investigación histórica, otros proyectos arrojados a la basura por parte de Juntas de dudosa capacidad y ética?

Estoy completamente de acuerdo contigo. La corrupción forma parte de la esencia de la especie humana. Su inteligencia, o el tipo de inteligencia de algunos, necesitan de la codicia para que su psique funcione. De lo contario, ese tipo de personas sienten estar muertas. Es un poco triste, la verdad. Pero lo peor resulta cuando ese comportamiento, condiciona la vida de otros. Isaac Peral fue víctima de esa codicia. No hay duda. Sin embargo, el inventor es un claro ejemplo de todo lo contrario. En “Hijo de acero” creo que se apreciará muy bien ese rasgo distintivo de Peral por el que era capaz de prescindir de lo superfluo, al ser un hombre entregado a una idea, a un proyecto. No creo que haya mejor estado mental que en el que él vivió su vida. A pesar de las dificultades, en ese sentido fue un hombre muy afortunado. Y respecto a lo que me preguntas, sí, hay algunos casos. Pero el que más me sorprendió fue el de Emilio Herrera Linares, un científico español nacido en Granada, que desarrolló su labor en la primera mitad del siglo XX, y que inventó el traje para astronautas, la escafandra y todo lo demás, unos años antes del estallido de la guerra civil española. Esto resulta impresionante ¿verdad? Porque, es normal asociar la ingeniería astronáutica a otras industrias con más tradición en los viajes espaciales. Pero, ¿un español de Granada? Es sorprendente. Me quedé perpleja al conocer la vida de Herrera Linares. Pero, la mayoría de sus logros quedaron enterrados bajo el cataclismo de nuestra guerra. Como tantas cosas…

11. Con esta novela quieres hacer justicia a la figura de Isaac Peral. ¿Sientes que lo has conseguido?

Si te soy sincera, Javier, cuando me puse a escribir “Hijo de acero”, tenía dos cosas en mente, a saber, relatar la historia de lealtades y traiciones que se gestó alrededor de un genio español como Isaac Peral y desvelar, en la medida de lo posible, la personalidad de Zaharoff. Estudiando a este último, acabas sabiendo cómo son y cómo se comportan las personas que usan la extorsión para decidir el destino de los pueblos, porque no creo que cambien mucho de una época otra. Y para tener claro qué es la constancia, la capacidad de trabajo, la dedicación plena, el honor, la honestidad y la inteligencia basta con sumergirse con Isaac Peral en su submarino. Eso fue lo que me llevó a escribir “Hijo de acero”, la novela en la que todo esto que te digo, está relatado. Si esto sirve para que el público lector reconozca al inventor español como uno de nuestros grandes genios, pues entonces doy por bien empleados los dos años de trabajo. Aunque soy consciente de que los detractores de la idea de que Peral fue el inventor del submarino, es muy difícil que cambien de idea, creo que cualquiera que tenga sangre en las venas, sea cual sea su postura, sabe que lo que se hizo con Peral es una infamia. Y considero que merece la pena que los lectores conozcan aquella desventura.

12. Ahora me gustaría tratar del tema de la escritura en sí. Hay cantidad de obstáculos a la hora de escribir una novela, ¿qué diferencia a la hora de escribir “Hijo de Acero” has apreciado con respecto a “La biblioteca del capitán”? Léxico, tecnología… ¿Ha sido lo más difícil a la hora de escribir este nuevo libro?

Qué bien que has reparado en esto, Javier, porque la verdad que éste aspecto es importante. Cuando daba clases de Filosofía en las aulas de los institutos, siempre les pedía a mis alumnos que hicieran el esfuerzo de estudiar cada sistema filosófico como si estudiaran un idioma nuevo. Porque, en realidad, cada filósofo creaba su propia terminología para explicar y hacer comprender el mundo. Yo he tenido que hacer lo mismo que les recomendaba al alumnado. Aprender el idioma naval que se hablaba en cada época. Y con ello, imaginar el mapa emocional que suscita en el marino, el hecho de navegar a bordo de navíos de línea propulsados por la fuerza del viento, o en los buques de vapor de finales del XIX. Y si a eso añadimos que en “Hijo de acero” tenía que recrear la navegación en el primer submarino de guerra de la historia, la dificultad técnica se disparaba. Afortunadamente, pude estudiar los aspectos clave de la Memoria del Submarino de Isaac Peral y, con mucha paciencia, acabé por comprender la esencia de su genial invento para poder escribir la novela. Pero tienes razón, el cambio de registro ha sido complicado. Pero te aseguro que me lo he pasado en grande. Me ha permitido “navegar” a bordo del “Peral” con todas sus consecuencias. Escribir sobre ello ha sido una auténtica aventura mental. Y sentí mucha nostalgia por no haber estado, en realidad, con aquellos pioneros protagonizando una auténtica epopeya.
Otro de los aspectos difíciles a la hora de escribir esta novela y casi el que más me preocupaba, fue tratar de que su lectura fuese fácil a pesar de la complejísima trama de corrupción, espionaje y conjuras que se creó alrededor de Peral. Espero haberlo conseguido. Algunos lectores me han dicho que sí. Y me he quedado mucho más tranquila.

13. La novela lleva ya unos meses peleándose en las estanterías de las librerías y he visto que ya ha alcanzado la segunda edición. Impresionante. ¿Qué crees que tiene tu propuesta literaria para hacerse un hueco entre el lector de novela histórica, más allá de traer un asunto delicado como el Peral-Zaharoff?

No sé muy bien qué puedo contestarte a eso. De lo que estoy segura es que he escrito la novela que me hubiese gustado leer. Yo creo que la mayoría de los novelistas eso es lo que pretenden. Y tú lo sabes muy bien, porque eres escritor. Ahora, el por qué ha alcanzado la segunda edición tan rápido, no lo tengo tan claro. De todas formas, “Hijo de acero” se desarrolla en un siglo apasionante y esto me ha posibilitado escribir sobre unos personajes reales que pueden llegar a entusiasmar a los lectores. O al menos eso fue lo que me ocurrió a mí al descubrirlos. Puede ser que eso haya influido de alguna manera. Hace poco, en una tertulia literaria sobre “Hijo de acero”, una lectora me comentó que la tercera y última parte de la novela era la que más le había emocionado y es precisamente la que se desarrolla en uno de los escenarios menos conocidos por la mayoría y que no quiero desvelar ahora para preservar un poco la trama. En esa misma tertulia, otro asistente comentó que le habían encantado los capítulos que se desarrollaban en Londres. Y me sorprendió mucho la conclusión de otro lector que afirmó que “humanizaba la historia con mis novelas”. Te comento esto porque son las referencias directas de los lectores y a lo mejor puede dar una pista de por qué está gustando. Pienso que la emoción es la clave de todo. Si consigues emocionar, es posible que la novela sea leída. Pero realmente, el binomio de tu mencionas ha sido determinante para que la novela haya suscitado interés.

14. Creo que esta pregunta es necesaria: para aquel que quiera profundizar en los aspectos históricos que te han servido para la trama, ¿qué bibliografía recomendarías?

Las obras biográficas de Peral son todas recomendables y se pueden leer casi al completo porque hay bastante pocas. Son muy interesantes las escritas por su hijo y por su biznieto. Y si te cuento aquí la bibliografía que he manejado sobre los escenarios y personajes, voy a desvelar a los lectores de HRM muchas de las claves de la novela y es mejor mantener un poco la intriga. Cabe destacar que de Basil Zaharoff es casi imposible hallar bibliografía escrita en castellano, y esto, me sorprendió muchísimo, dada la importancia de su influencia en nuestra historia reciente.

15. Ya sabes, por experiencia, que me gusta saber si has vivido alguna anécdota que no esperabas que te pudiera suceder mientras investigabas, escribías y, también, presentas al público la novela. ¿Puedes contarme alguna?
Pues sí, hay algunas. Sobre todo relacionadas con el público que asistió a las presentaciones. En la presentación en la Feria del libro de Marbella, este pasado verano, en la que estuvo presente el editor de Good Books, Alberto Pertejo Barrena, que pronunció unas amabilísimas palabras sobre la novela, asistió un matrimonio de unos sesenta años al evento, y cuando les tuve cerca para firmarles un ejemplar de “Hijo de acero”, me comentaron que habían venido desde Madrid, expresamente, para conocerme porque les había encantado “La biblioteca del capitán”.
¡Qué bueno!
Imagínate cómo me sentí. Eso me conmovió mucho. En ese momento me hubiese ido con ellos para poder seguir hablando, pero no era posible porque tuve que continuar firmando. Y recuerdo el cariño con el que me trataron los lectores que se acercaron a que les dedicara su ejemplar de la novela en la presentación del Ateneo de Málaga en octubre. Hacían bromas simpáticas y todo eran palabras amables y de felicitación porque les había gustado mucho la presentación. Me sentí en casa. Eso no tiene precio. Son momentos que agradeceré siempre. Fue muy especial. En cuanto al ejercicio de escribir, lo que me ha ocurrido es que al acabar, tuve la sensación de ser un personaje más que vuelve de vivir una historia extraordinaria. Al concluir la redacción de “Hijo de acero” sentí que había estado en todos y cada uno de los escenarios. O que he sido Jeremías Rudi, Everardo Barbudo, Nelli Bly o el mismísimo Isaac Peral. Todos sabemos que leer te permite vivir otras vidas, pero creo que al escribir, ese viaje emocional es mucho más intenso. Y quiero comentarte también, Javier, que cuando estuve junto al submarino de Peral ubicado, como sabes, desde hace poco en el Museo Naval de Cartagena, me sorprendió muchísimo comprobar lo pequeño que es el buque. Imaginarme a Peral y a sus cinco oficiales con el resto de la dotación, encerrados en su interior, ahora oxidado y herrumbroso, tripulando la nave bajo las aguas de la Bahía de Cádiz, me permitió sentir la inquietud expectante que seguramente experimentarían esperando saber si el Aparato de Profundidades, inventado por Peral y situado en la popa, iba a responder correctamente para llevarles de nuevo a la superficie. Eso tuvo que ser extremadamente emocionante. Su aventura fue un hito en la Historia de la Navegación. No me cabe la más mínima duda. En realidad, todo ha sido un proceso muy satisfactorio, la investigación, las visitas a los escenarios y sobre todo, el proceso creativo al redactar. Me lo he pasado francamente bien.

16. Como escritor también que soy, sé que somos celosos guardianes de aquellos proyectos que estamos alumbrando bajo la luz de un flexo y ante la pantalla de un ordenador, pero ¿tienes en mente más novelas? ¿Alguna pista sobre su argumento?

Tú lo has dicho. Guardianes, pero que muy celosos, Javier. Y es normal que así sea. Yo tengo cierta superstición respecto a revelar lo que me traigo entre manos. Me parece que si lo hago, no seré capaz de acabarlo. Pero te puedo decir que he vuelto al siglo XVIII para contar una historia naval muy particular…y hasta ahí puedo leer. Espero que acabe gustando a los lectores…ellos siempre tienen la última palabra.

17. Bueno, ya hemos llegado al final de la entrevista tras robarte quizá demasiado tiempo. ¿Qué pregunta crees que nos hemos dejado en el tintero y, si la hay, qué responderías?

En absoluto, Javier, ha sido un tiempo que se me ha pasado volando. Y no se me ocurre ninguna pregunta porque hemos hablado de casi todo. Lo que sí sé es que te agradezco muchísimo este espacio en HRM para hablarle a tus lectores de mi segunda novela, “Hijo de acero”. Espero que les ayude a interesarse por ella y acaben leyéndola. Yo creo que no les va a decepcionar, porque está llena de emoción, de intriga y de mucha historia. Y sus protagonistas, la mayoría españoles, poseen gran atractivo y se mueven en escenarios muy interesantes, como puede ser un Observatorio Astronómico, el mítico tren Orient Express o el submarino de Isaac Peral. Espero que les guste. Lo dicho, Javier, muchas gracias.
Como siempre, Montse, muchas gracias y te deseamos lo mejor en este nuevo y maravilloso proyecto que tan solo busca recuperar del Pasado lo que nunca tuvo que ser enterrado en él.

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