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MÁS DE 500 AÑOS ESCOLTANDO AL PAPA

Escrito por Tomás San Clemente De Mingo on . Escrito en Blog

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FUENTE: onemagazine.es

papapa

MÁS DE 500 AÑOS ESCOLTANDO AL PAPA

A.MANZANO

¿Cómo llegaron las tropas suizas a proteger el Estado Vaticano? La infantería suiza tenía éxito en la época y el papa Julio II consiguió que el país alpino le enviara mercenarios a Roma. Revelamos cuál es la composición de la Guardia Suiza y en qué consisten su uniforme y su bandera.
En los siglos XIII, XIV y XV, cuando en España estaba llevándose a cabo desde mucho antes la Reconquista para eliminar la presencia árabe en su territorio, en las montañas de la actual Suiza se estaba incubando una de esas revoluciones militares que ocurren de vez en cuando y sus efectos perduran varios siglos. ¿En qué consistía esa revolución? En que los combatientes suizos a pie conseguían –en contra de lo normal entonces- derrotar a fuerzas contrarias mucho más numerosas, e, incluso, a fuerzas de caballería protegida con armaduras. ¿Cuáles fueron sus claves? Que empleaban formaciones cerradas, lanzas más largas –picas- y disciplina, mucha disciplina.
Allí, en los angostos valles suizos poco productivos, el exceso de población masculina que no encontraba ocupación en la ganadería o la agricultura vio una salida en la ‘exportación’ de tropas en calidad de mercenarios.
Un mercenario es aquel soldado que se alista en un ejército que no es el de su nación. Es decir, su motivación principal es meramente económica porque sólo le interesa el sueldo que recibe porque carece de ideales o de motivación patriótica, porque no tiene vínculos afectivos con aquello por lo que va a luchar; no le importa por quién o por qué causa arriesga su vida, ni tampoco le importa contra quién ha de combatir. Sólo se resiste a combatir contra los de su mismo origen suizo.
Así, por su fama de ser tropas bien adiestradas, valerosas y victoriosas, aparecieron mercenarios suizos contratados por diferentes ejércitos europeos medievales, como los de los diversos estados pequeños de Italia –aquí sólo concepto territorial, pues no había unión-, y, sobre todo el de Francia porque sus reyes no querían que sus súbditos se integraran en su ejército ya que temían que cuando aprendieran a combatir, se rebelarían contra ellos.
Al final de la Reconquista también había en Castilla un contingente de mercenarios suizos, cuya forma de combatir fue copiada y perfeccionada por el capitán Gonzalo de Ayora, de tal modo que, elaborada una nueva táctica ‘a la española’ por el añadido de soldados con armas de fuego, consiguió que los irrelevantes ‘peones medievales’ se convirtieran, de modo definitivo en la ‘infantería moderna’. Así, en manos de Gonzalo Fernández de Córdoba, el ‘Gran Capitán’, y de un selecto grupo de ‘capitanes reales’ –nombrados personalmente por el Rey- la infantería española adquirió el nombre de ‘Reina de las Batallas’, cimentando el poderío internacional de la Monarquía Hispánica durante los siguientes siglos.

TAMBORR

                                                                                       TAMBOR EN LA CEREMONIA DE JURA

Suizos católicos al servicio del Papa
El Estado Pontificio era un reino terrenal, y uno de los estados más importantes territorialmente hablando de aquella Italia renacentista. Por ello necesitaba un ejército que garantizara su seguridad y el apoyo a su política ‘terrenal’, precisamente en un tiempo y en un territorio dividido, convulso y con frecuentes traiciones políticas y cambios de bando como la Italia de aquel tiempo. Además, en Italia chocaban dos potencias exteriores, Francia y España, como lo significan, por ejemplo, sus enfrentamientos en las grandes batallas de Ceriñola y Garellano de 1503.
En ese ambiente, en el que se necesitaban ejércitos grandes, leales y eficaces, en junio de 1505 el papa Julio II (1443-1513) pidió a los nobles católicos suizos el envío de un contingente de soldados.
La expedición, formada por unos 150 soldados procedentes principalmente de los cantones de Zúrich y Lucerna partió, bajo el mando del capitán Kaspar von Silenen, en septiembre; superó el paso de San Gotardo –a más de 2.100 m de altitud- en pleno invierno y llegó a Roma, quedando constituidos como guardia inmediata al Papa el 22 de enero de 1506.
El requisito, lógico, de que los soldados que han de velar por la seguridad inmediata del Papa sean de fe católica a fin de que su lealtad estuviera fuera de toda discusión hace erróneo el calificativo que hace la enciclopedia Wikipedia de que es un ‘ejército mercenario’, ya que hay una verdadera motivación de carácter superior para el alistamiento. La cuestión ha de quedar definida como el mantenimiento de la tradición, pues cualquier otro joven católico prestaría un servicio igual de eficaz y leal que el de los suizos.

GUARD

                                                                                        FORMACIÓN DE LA GUARDIA SUIZA

Un uniforme del siglo XVI

La tradición alude a que el actual uniforme se debe a un diseño del famoso pintor Miguel Ángel (1475-1564), de colores azul, amarillo y rojo. Su diseño concreto obedece a una actualización llevada a cabo a principios del siglo XX y sigue fuertemente vinculado con la estética de aquellas fechas; a ello ayuda el morrión, la armadura, las alabardas…
Los jubones y calzas, las armas y armaduras, la bandera, etc., todo en esta guardia evoca la fecha de su creación. En las formaciones más importantes, como las de la jura de los nuevos guardias, es donde se aprecian mejor las diferencias:
- El capitán viste de manera individual, de color granate, su media armadura (que cubre el tronco, el cuello y la mitad de los brazos) es pavonada y está decorada con ribetes de oro. El plumero de su morrión es granate
- El alférez abanderado lleva una armadura más sencilla sobre un jubón negro, calzas granate y su plumero es blanco
- Sus dos escoltas van armados con mandobles, que son unas espadas enormes de hoja serpenteante que ha de manejarse con las dos manos, y que a principios del siglo XVI se empleaban en el cuerpo a cuerpo para tronzar las picas enemigas
- Los suboficiales y cabos llevan partesana, que es un arma de asta cuya moharra es casi como una hoja de espada con dos pequeños resaltes en su base, y otro tipo de arma cuya moharra es lanceolada
- Los guardias, como casi todas las escoltas personales de aquel siglo, van armados de alabarda, cuya moharra combina una punta, un pico y un hacha, y, como toda la tropa, llevan armadura sin decorar y el plumero rojo
- Los tambores llevan el plumero negro y amarillo
Esta lista es, en realidad, una visión parcial pues la uniformidad varía en función del tipo de ceremonia que se lleva a cabo. Por ejemplo, la armadura no siempre se lleva y, en ocasiones, el morrión de los guardias se sustituye por una gran boina ladeada.
Otra curiosidad es la formulación del juramento de los nuevos guardias, que se hace sin armas, con los pies separados, cogiendo con la mano izquierda el asta de la bandera –que el abanderado tiende horizontalmente- y levantando la mano derecha con los dedos pulgar, índice y medio extendidos en señal de la Santísima Trinidad, a quien se invoca en esta ceremonia.

SUIZ

                                                                                               BANDERA GUARDIA SUIZA

La bandera, por otra parte, se renueva cada vez que se proclama un nuevo papa, manteniendo su diseño general que consiste en una cruz blanca que llega a los bordes creando cuatro partes.
Mirándola por el anverso, el cuadrante superior izquierdo e inferior derecho son de color rojo; en el primero van las armas del nuevo papa y en el otro las del creador de esta guardia, el papa Julio II; en los otros dos cuadrantes se ven listas de color azul, amarillo y rojo en diferentes combinaciones, colorido que hace referencia al uniforme. Finalmente, en el centro de la cruz se sitúa el escudo de armas del coronel que está mandando la guardia y, por lo tanto, también cambia al cambiar éste.
La defensa heroica del Papa
El hecho más destacado, y ejemplo de cumplimiento del juramento de defensa del papa, ocurrió el 6 de mayo de 1527, durante el llamado ‘Saqueo de Roma’ por las tropas imperiales. Éstas estaban mandadas por el Condestable Carlos de Borbón, francés que se pasó al servicio del Emperador Carlos V, e incluían muchos lansquenetes mercenarios alemanes, de fe luterana, mandados por Georg von Frundsberg.
En aquel tiempo, el papa Clemente VII (1478-1534), en tanto que soberano temporal, es decir, rey de un reino que se había aliado de Francia, se puso como enemigo del Emperador y acabó combatido y derrotado por las tropas imperiales. Éstas llevaban tiempo sin cobrar debidamente y, conforme de los usos y leyes de la guerra de aquella época, saquearon la ciudad para resarcirse, y hubo una crueldad –se dice que especialmente de los soldados alemanes protestantes- que ha quedado en la historia como ejemplo de los excesos de las tropas mal pagadas y desmandadas.
En estos combates perdieron la vida defendiendo al papa 147 de los 189 guardias suizos pero el Pontífice pudo escapar y, por el Passetto di Borgo –una especie de acueducto para personas de unos 800 m de longitud-, acogerse a la seguridad del cercano castillo de Sant’Angelo, donde quedó encerrado durante varios meses.
En memoria de este sacrificio, los días 6 de mayo se celebra la ceremonia de la jura de los nuevos guardias y los ascensos a los empleos superiores.

 

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