Imprimir

EL ACCIDENTE DE PALOMARES

Escrito por Miguel Madueño Alvarez on . Escrito en Contemporánea

Valoración del Usuario:  / 17
MaloBueno 

¡Comparte esta entrada!

Enviar a FacebookEnviar a Google PlusEnviar a TwitterEnviar a LinkedIn

El accidente de Palomares y sus efectos en la política nacional y en el contexto internacional.

Por Miguel Madueño Alvarez.

1

Han transcurrido casi cincuenta años desde que tuviera lugar uno de los accidentes más importantes en el ámbito nuclear: el accidente de Palomares.

En 2003, el Ayuntamiento de la pequeña localidad almeriense quemó una cosecha de lechugas que se habían plantado en una parcela supuestamente contaminada, tal y como se redactaba en el informe del Consejo de Seguridad Nuclear. No fue un hecho aislado, sino que se convirtió en la tónica general para una población, la de Palomares y otras de los alrededores, que tuvieron que vivir con el peso de un accidente del que no fueron responsables sino víctimas. Un peso que afectó a sus vidas cotidianas y que en los primeros años perjudicó a la economía de la zona. Muchos vecinos se quejaban ante las cámaras de la dificultad o imposibilidad de vender sus productos fuera en cuanto era sabido que provenían de Palomares.
Para algunos medios de comunicación, por supuesto alejados del suceso y desde la seguridad de sus casas, se transmitió la idea de que la región había alcanzado, gracias al accidente, la posibilidad de modernizarse y ser mundialmente conocida, como pudo observarse en la publicación Arriba, pocas semanas después del accidente. Venía a decir que fue poco menos que un favor concedido por los Estados Unidos de América.

2
Lejos de estas apreciaciones que nos brinda la posibilidad de poder observar el hecho desde una perspectiva histórica, el accidente de Palomares fue de una gravedad aún hoy desconocida. Fue grave para las poblaciones afectadas, para sus economías, para la salud de sus habitantes y para el desarrollo normal del medioambiente en la zona.
Fue grave para las relaciones internacionales entre Estados Unidos y España, pero también afectó a las relaciones de Washington con el resto del mundo y a su geo-estrategia.
Fue grave para España, también en el ámbito interno y puso de manifiesto que el país gobernado por el general Franco, a pesar del deseo y de las muestras de aperturismo, seguía siendo una dictadura dónde se ocultaban y manipulaban las noticias.
Pero también tiene importancia no sólo lo grave que fue, sino el hecho de que podría haber sido peor aún. Según diversas estimaciones, si una de las bombas hubiera hecho explosión, la carga detonada habría sido de un megatón, que en una reacción en cadena que comprometiera a las cuatro se podía haber convertido en casi 4 megatones.
Esto hubiera supuesto un poder destructor 75 veces superior al alcanzado por la bomba en Hiroshima, es decir un radio de 15 kilómetros completamente arrasado, más de 60000 muertos y una nube radioactiva de más de 800 kilómetros, que hubiera afectado a España, Portugal, Argelia y Marruecos en mayor medida, pero también a Europa meridional en general.
Esto nos lleva a pensar que tras un análisis de los datos que existen, Estados Unidos y España se dedicaron a tapar el desastre de la mejor manera que pudieron a fin de no verse perjudicados en el futuro.

El accidente y la operación Broken Arrow

El día 17 de enero de 1966 a primera hora de la mañana, un Boeing B-52 y un avión cisterna KC-135 de la Fuerza Aérea estadounidense chocaron en el aire mientras realizaban una maniobra rutinaria de repostaje en vuelo, debido a un fallo de la sonda de combustible.
El B-52 provenía de la base aérea de Goldsboro en Carolina del Norte y el K-135 de la Base aérea de Morón. El choque provocó la muerte de los cuatro tripulantes del avión cisterna y tres de los siete del bombardero, pero lo realmente importante del accidente fue la carga que transportaba el B-52, cuatro bombas termonucleares de un megatón cada una.
Tres de ellas se precipitaron en tierra y la cuarta lo hizo en el mar.

3
Esto puso en marcha el protocolo de emergencia norteamericano conocido como Broken Arrow (Flecha rota), que se usaba para casos en los que se produjera pérdida de armamento nuclear. En primer lugar la operación Broken Arrow pretendía reducir los efectos que podría causar una explosión termonuclear en cualquier punto de la tierra y más en el territorio de un país aliado, como en este caso, era España. Pero lo realmente importante de la operación Broken Arrow era localizar las bombas antes de que pudieran ser localizadas por otros países o incluso por el enemigo soviético.
En el momento del accidente, puede que hubiera en el aire otro B-52 y que este diera la alarma, como apuntaban las tesis de Rafael Lorente, esto no obstante, habría acelerado el proceso de alarma y la respuesta de los Estados Unidos.
Siguiendo el paradero de las bombas, la primera se encontró en el cauce del Almanzora, intacta, ya que su paracaídas de emergencia había funcionado correctamente. Las otras dos bombas que se precipitaron en tierra no corrieron la misma suerte ya que la deflagración en el aire quemó los paracaídas de emergencia provocando la caída libre de las bombas y el violentísimo choque contra el suelo.
El impacto de la segunda bomba provocó un cráter de unos seis metros junto al cementerio a poco menos de dos kilómetros del núcleo urbano, el explosivo convencional actuó y se liberó material radioactivo en forma de aerosol.
La tercera bomba cayó en el núcleo urbano, cerca de unas viviendas produciéndose efectos muy parecidos a los de la segunda bomba.
La cuarta y última bomba, se precipitó en el mar y fue localizada 80 días después en buen estado, ya que tanto su paracaídas como las medidas de seguridad habían funcionado correctamente. El despliegue estadounidense en medios fue enorme, aunque la prensa española caricaturizó la búsqueda en la figura de un pescador que popularmente fue conocido después como “Paco el de la bomba”. Resulta curioso que a pesar de la importancia que se le concedió en los medios españoles, el secretario de la embajada en 1995, Timothy Towell se olvidara de mencionarlo en el funeral del embajador Angier Biddle Duke aludiendo únicamente a la labor de los Navy Seals y al despliegue tecnológico. Es posible que la fama que adquirió Francisco Simó (“Paco el de la bomba”), respondiera al énfasis que puso en ello el gobierno franquista a fin de centrarse en una anécdota en lugar de ofrecer el problema desde el fondo de la cuestión y así restarle importancia.


La geo-estrategia estadounidense: Operación Chrome Dome

Antes de continuar con el accidente en sí mismo y los efectos que produjo, conviene recordar el contexto internacional en el que tuvo lugar, indispensable para comprender las reacciones que se produjeron.
El contexto internacional obedecía, en los años sesenta, a uno de los periodos más tensos entre ambas potencias. Aunque la crisis de los misiles cubanos de 1962 había conseguido que ambas superpotencias tomaran conciencia del peligro que supondría el inicio de una guerra nuclear para el mundo entero, incluido ellas mismas, y de que la destrucción mutua asegurada estuviera garantizada, ninguna de ellas había cedido ni un milímetro.
Los arsenales nucleares seguían aumentando y la búsqueda de factores que sorprendieran al enemigo era constante en ambos ejércitos. La Unión Soviética poseía por aquel entonces un fenomenal sistema de defensa antiaérea y los misiles estadounidenses no habían sido lo suficientemente desarrollados para el ataque a objetivos de muy largo alcance de modo, que Estados Unidos debía innovar un nuevo sistema con el que pudiera adelantarse a la Unión Soviética.

4
La respuesta fue la operación Chrome Dome. En 1960 el Pentágono puso en marcha un plan que consistía en desplegar una fuerza de bombarderos B-52 que se mantuvieran en vuelo constante patrullando las fronteras de ambas zonas de influencia con el fin de dar una respuesta inmediata en caso ataque por parte de la URSS.
Doce bombarderos armados cada uno con cuatro bombas que se moverían a unos 30000 pies (10 kilómetros) de altura, con capacidad para lanzar sus cabezas de un megatón sobre diferentes objetivos de la Unión Soviética.
La operación tenía varias rutas establecidas a destacar tres: sobrevuelo de Alaska, otra que sobrevolaba Canadá y Groenlandia y cuya base de operaciones y columna vertebral era la base de Thule y una tercera que se internaba en el Mediterráneo hasta el Adriático para cubrir el este de Europa y el Mar Negro.
Los aviones se mantenían semanas en el aire y eran repostados por aviones cisterna, por dos motivos fundamentales. En primer lugar para resultar un arma dinámica y de rápida respuesta que se mantuviera cerca del objetivo, y en segundo lugar para evitar el repostaje en tierra de vuelos cargados con bombas nucleares en países aliados, ya que en todo momento Chrome Dome fue una misión secreta.
El coste de esta operación fue enormemente elevado y los riesgos igualmente significativos ya que se debían mantener doce bombarderos las 24 horas del día los 365 días del año en vuelo. Requería por tanto tripulaciones y aparatos de relevo, y demasiados elementos que dependían unos de otros en forma de cadena, por eso, no es de extrañar que en los ocho años que duró Chrome Dome, se produjeran cinco accidentes catalogados Broken Arrow, es decir, con pérdida de bombas nucleares.
Los más importantes fueron el de Palomares y el de Thule, ambos por producirse en países aliados y levantar crisis y escándalos diplomáticos, pero también por la gravedad en cuanto a catástrofe nuclear que significaron ambos.
El primer accidente se dio en Goldsboro, Carolina del Norte, el 24 de enero de 1961 en cuyo caso se perdieron dos bombas Mark 39 que al colisionar en el suelo esparcieron parte de su carga radioactiva con la consiguiente contaminación. Al producirse en los Estados Unidos se trató como un hecho interno y no supuso ningún problema diplomático.
El segundo Broken Arrow se produjo el 14 de marzo cuando el B-52 se precipitó cerca de la ciudad de Yuba, aunque las medidas de seguridad funcionaron y no hubo efectos radioactivos. El tercero, el 13 de enero de 1964 se produjo en Savage Mountain aunque las dos bombas Mark 53 que portaba fueron rescatadas intactas y sin registrar pérdidas de material.
Hasta aquí, todos los accidentes se habían producido en territorio estadounidense y por tanto habían sido tratados de forma doméstica, sin embargo, el 17 de enero de 1966 tuvo lugar el accidente de Palomares en el sur de España, provocando un incidente diplomático a pesar del papel secundario que España jugaba con respecto a los Estados Unidos y a la política internacional.
El accidente, descrito en páginas anteriores, supuso la pérdida de cuatro bombas, todas ellas localizadas, pero lo grave del asunto fue que dos de ellas sufrieron pérdidas de material radioactivo y la consiguiente contaminación de una zona agreste.
Después del accidente, el Secretario de Defensa estadounidense, Robert McNamara, estaba decidido a terminar con la operación Chrome Dome pero un importante sector del Pentágono no estaba dispuesto, con lo que se llegó al punto de reducir los bombarderos B-52 a cuatro.
Uno de estos cuatro protagonizó el accidente de Thule, en el noroeste de Groenlandia, dependiente de Dinamarca, país aliado y miembro de la OTAN. El 21 de enero de 1968, un B-52 cayó sobre el hielo muy cerca de la base de Thule y las cuatro bombas que portaba se deshicieron con el resto del avión suponiendo un desastre radioactivo bastante importante y el consiguiente encontronazo diplomático cuando tanto la opinión pública norteamericana como la danesa descubrieron que aviones norteamericanos sobrevolaban territorio de Dinamarca cargados con bombas nucleares. El accidente terminó por cerrar la operación Chrome Dome para siempre, debido a que no podía aguantar dos crisis diplomáticas graves y cinco accidentes clasificados Broken Arrow en su haber.
Tras el accidente de Thule se llevó a cabo, como en el caso de Palomares, una recogida del material radioactivo y una gran cantidad de agua contaminada, pero lo más grave fue que una vez desclasificados los archivos sobre el accidente, años después, todo parece indicar que los equipos de rescate sólo consiguieron recuperar material suficiente correspondiente a tres bombas y es posible que la cuarta se perdiera bajo el hielo.

Las relaciones bilaterales hispano-norteamericanas: los acuerdos de 1953

Después de la Segunda Guerra Mundial, con las potencias del Eje vencidas, la posición de España era muy delicada. España representaba el último “fascismo” de Europa, (junto a tal vez el autoritarismo portugués de Salazar) y por tanto se encontraba aislada en una Europa que se mostraba tendente al sistema democrático.
Desde 1945, España fue objeto de la discriminación por los países de Europa Occidental que no pretendían compartir asiento en ninguna organización internacional con un país que no respetaba las libertades ni los valores democráticos que ellos defendían. Por tanto, España fue condenada al ostracismo.
Sin embargo, esa posición pronto cambió cuando surgió un nuevo enemigo de entre los aliados y el mundo quedó dividido en dos bloques: el capitalista liderado por los Estados Unidos y el comunista por la Unión Soviética.
Franco se había dedicado a dejar clara su postura anticomunista y de pronto, la dictadura fascista se convirtió en un mal menor. Estados Unidos y los países de Europa Occidental preferían un país con un régimen autoritario, aunque no reuniera los valores democráticos que ellos defendían, antes que un país inestable que pudiera caer en las manos de los comunistas, pero aún más importante, España era crucial para la geo-estrategia de los norteamericanos dada su posición: puente entre África y Europa y entrada al Mar Mediterráneo.
Desde que la rivalidad con la Unión Soviética se hizo evidente, Estados Unidos comenzó a acercarse a España para llegar a sus objetivos: poder hacer uso del territorio español y establecer alguna base aérea desde la que poder completar su plan estratégico.
España por su parte, aislada, empobrecida y sin apenas otra salida, se lanzó a los brazos de los norteamericanos al coste que fuese, exigiendo ayudas económicas y militares que pudieran de algún modo revitalizar la economía.

5
Esto cristalizó en los acuerdos de 1953 entre Estados Unidos y el general Franco. Los acuerdos supusieron un triunfo para ambas diplomacias. Estados Unidos conseguía cuatro bases en territorio español: Morón- Zaragoza- Torrejón y Rota, las tres primeras aéreas y la última naval, y el derecho a utilizar las bases para sus planes estratégicos de defensa.
España obtenía ayudas económicas, que nunca significaron un gran desembolso y un pacto militar que también fue bastante escaso, cubriendo únicamente la modernización de las unidades que fueran a contribuir a su plan estratégico. Sin embargo lo verdaderamente importante de los acuerdos para España no eran las ayudas en sí mismas sino la alianza con Estados Unidos y el hecho de que se garantizaba así su posición en el mundo y la inmunidad ante cualquiera de las potencias occidentales europeas, que no se atreverían a contradecir los intereses de Washington.
Aunque España salía así del ostracismo y tenía posibilidades de abrir relaciones con los países de Europa Occidental gracias al apoyo norteamericano, en realidad el pacto resultó asimétrico por una razón: porque el pacto reunió una serie de cláusulas secretas que daban a Estados Unidos más beneficios de lo que se habían declarado. El uso de las bases, aunque España ostentaba en teoría, la última palabra, en la práctica se convirtió en feudos de Washington dónde operaron a su antojo.
Y esto conllevó un peligro claro: que España entró a formar parte de los objetivos soviéticos en la Guerra Fría con el consiguiente peligro que representaba, primero la amenaza nuclear del enemigo y segundo, que en España se almacenaran o pasaran por sus cielos armas nucleares, es decir, la amenaza nuclear “amiga”.
Curiosamente, el peligro vino de la segunda amenaza, aun cuando J.M. Areilza ya había denunciado el peligro que se corría debido a las bases en la visita de Dulles en 1955.
En primer lugar, el pacto de 1953 no garantizaba el control armamentístico ni de personal dentro de las bases, con lo que no se podía evitar que se instalaran o depositaran misiles nucleares en las bases o que atracaran submarinos nucleares en Rota, así como tampoco era tranquilizador que la base de Torrejón fuera un objetivo soviético debido a la cercanía de Madrid.
Por otro lado, la operación Chrome Dome, ya citada antes, tenía una de sus rutas en el Mediterráneo. Los vuelos partían de Carolina del Norte y entraban y salían al Mediterráneo a través del estrecho de Gibraltar. Una vez en aguas del Mediterráneo se dirigían al Mar Adriático con el objetivo de estar cerca de los países satélites de la Unión Soviética en Europa del Este y del Mar Negro.
La cuestión principal es que las dos zonas de abastecimiento estaban frente a las costas de Almería y con el volumen de vuelos que existía y la cantidad de condiciones que dependían unas de otras y formaban una cadena cuyos eslabones muchas veces dependían de errores humanos, era probable que ocurriera algo así. Y ocurrió.
El día 17 de enero de 1966 los intereses del país más poderoso de la Tierra se centraban en la pequeña pedanía de Cuevas de Almanzora: Palomares, que sufrió la caída de un B-52 y su carga nuclear.


Continuará.

¡Comparte esta entrada!

Enviar a FacebookEnviar a Google PlusEnviar a TwitterEnviar a LinkedIn

No tienes permiso para dejas comentarios

Download from BIGTheme.net free full premium templates