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CASTILLOS DE TIERRA Y MADERA

Escrito por Tomás San Clemente De Mingo on . Escrito en Medieval

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CASTILLOS DE TIERRA Y MADERA

Tomás San Clemente De Mingo

 

Los normandos, tras la invasión de Inglaterra en el siglo XI, llevaron en su flota piezas de madera prefabricadas para levantar un castillo con el que proteger su desembarco. Después de la victoria de Guillermo II de Normandía sobre Harold de Inglaterra en la batalla de Hastings ( 14 de octubre de 1066), los normandos erigieron castillos por todo el país para aplacar las posibles revueltas y protegerse de nuevos invasores.

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La mayoría de los castillos normandos levantados en Britania en nada o poco tienen que ver con nuestra idea de lo que es un castillo. Así, en lugar de murallas de piedra con almenas y torres, lo que había eran construcciones de tierra, recintos protegidos por terraplenes que, en multitud de casos, tenían un montículo cónico al lado y estaban protegidos por murallas de madera o empalizadas, reforzadas por soportes de madera o revestimientos, y en cuyo interior se situaban los edificios, también de madera. Hoy día solo se conservan los montículos y los terraplenes, erosionados por el tiempo y cubiertos de vegetación.No obstante, estas defensas cumplían todos los requisitos de un castillo. En su interior albergaban todos los edificios necesarios para que una comunidad viviera su día a día sin correr peligro. De este conglomerado de edificios sobresalía la sala de recepción. Para los barones medievales esta sala era el centro y símbolo de su poder. Allí se dirimían todos los asuntos importantes del castillo y del distrito, además de utilizarse como lugar para comer. De hecho, durante las comidas, el señor y sus huéspedes se sentaban en la tarima, una plataforma baja situada en un extremo de la sala y desde la que podían ver y ser vistos, mientras que los demás se sentaban en largas mesas de caballete que se podían retirar fácilmente cuando la comida terminaba y había que dedicar la sala a otros menesteres.

Estos edificios se agrupaban dentro del recinto fortificado que estaba rodado por el terraplén y la empalizada. Estas defensas eran las que convertían las haciendas en un castillo. En muchos casos, el recinto entero estaba situado sobre una elevación o promontorio y rodeado por un foso que se cruzaba mediante un puente levadizo.Este tipo de castillos parecía una versión remozada de un tipo anterior de asentamientos, y es lo que hoy se conoce como fortalezas en anillo. Cuando un castillo tenía una mota (montículo cónico situado junto al recinto fortificado y en bastantes ocasiones dentro de él) ésta era utilizada como fortaleza o refugio. Generalmente, en la parte superior no había demasiado espacio, solo lo justo para levantar una empalizada en el borde y edificar una torre de madera en el centro; suficiente para que, si un enemigo ocupaba el recinto, el señor y unos cuántos acólitos consiguieran refugio hasta recibir fuerzas o bien, hasta llegar un acuerdo con el enemigo.

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                                                                     Restos de la mota de la segunda fortaleza construida por Guillermo en York

Los castillos construidos por un recinto fortificado y una mota eran baratos y eficaces. Su construcción era rápida y fácil; ni la tala de madera ni la excavación de los terraplenes requerían de unos grandes conocimiento técnicos. Ahora bien, la defensa de este tipo de fortificación requería de una revisión continua ya que la madera al estar en contacto con el suelo absorbe el agua y tiende a pudrirse la empalizada. Además, su tamaño tenía un límite, pues era muy difícil levantar murallas que, además de fuertes, fuesen altas. En ocasiones, la torres de la mota eran demasiado pequeñas para albergar a toda su guarnición, y en otras ocasiones las murallas exteriores eran lo suficientemente bajas como para que un enemigo ágil y numeroso trepara por ellas con suma facilidad. Aún así el enemigo más importante para la madera era el fuego.

Los castillos de madera y tierra fueron considerados siempre una fortaleza barata y temporal, e incluso en los lugares donde fueron frecuentes como Gran Bretaña y el norte de Francia, pronto fueron sustituidos por los de piedra.

 

Bibliografía: CAIRNS Conrad: Los Castillos Medievales, Madrid, 1999

 

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