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ASPECTOS DE LA BATALLA DE POITIERS (732)

Escrito por Tomás San Clemente De Mingo on . Escrito en Medieval

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ASPECTOS DE LA BATALLA DE POITIERS (732)

Tomás San Clemente De Mingo

 

En Poitiers, la caballería árabe, se precipitó sobre la línea de infantes francos. Bajo las órdenes de Carlos Martel, lanceros, infantería ligera e hidalgos, que habían acudido a la batalla en sus caballos, se situaron en formación y aguantaron a pie firme durante horas, hasta la noche las sucesivas embestidas del enemigo. Los musulmanes lanzaron flechas desde sus monturas e hirieron a los francos con sus lanzas y espadas, y atacaron los flancos sin resultado favorable. Los infantes francos, situados en la inmediaciones de la calzada que conducía a Tours bloqueándola, rechazaron todos los asaltos hasta que los atacantes se retiraron a su campamento.

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La resistencia de los francos residía en su potencia como grupo y en su destreza en el cuerpo a cuerpo. En el libro cuarto de la crónica de Fredegario, se incide en que, más tarde, Carlos Martel "condujo valientemente su línea ante los árabes" y que a continuación , se abalanzó sobre ellos "como un gran hombre de batalla". Carlos persiguió a sus enemigos, arrasó su campamento, mató a Abderramán (su general) y "los dispersó como si fueran rastrojo". Pero ¿qué sucedió en Poitiers? los francos, altos y corpulentos, iban protegidos con cotas de malla o jubones de cuero cubiertos de escamas metálicas y provistos de escudos redondos de casi un metro de diámetro (eran curvos de madera y con remaches de hierro y cubiertos de piel).Si un hombre era lo bastante fuerte y hábil para manejar aquel escudo, había pocas posibilidades de que una flecha o una jabalina pudieran alcanzarlo. Además, se protegían la cabeza con un pequeño casco de hierro. En suma, cada infante franco acudía a la batalla con más de 30 kilos en armas y protecciones. Era hombre muerto si luchaba individualmente, pero casi invulnerable si lo hacía en formación cerrada.
Los germanos, en las batallas contra los romanos, lanzaban sus hachas desde una distancia de 15 metros o arrojaban sus lanzas antes de entrar en el combate cuerpo a cuerpo con espadas anchas de doble filo, armas que solo era posible blandir cuando se contaba con mucho espacio. La lucha en las zonas fronterizas se convertía en una suma de duelos singulares donde la habilidad desempeñaba una papel fundamental, hasta que, los ataque sucesivos de las cohortes romanas destrozaban la resistencia bárbara. Sin embargo, hacia el siglo VIII, la infantería franca se inclinaba menos por el uso de sus hachas y jabalinas tradicionales y rehuía el combate individual, optando por la técnica clásica romana del combate grupal. Así, en Poitiers, los francos con sus pesadas protecciones, portaban lanzas para blandirlas directamente contra el enemigo y espadas cortas para utilizarlas de abajo arriba mientras mantenían los escudos a la altura del pecho en una línea continua. Cuando las fuentes hablan de un "muro" hay que imaginarse una muralla humana inexpugnable con los escudos bien pegados, los cuerpos acorazados y las armas en ristre y listas.

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No es extraño que los árabes, incapaces de penetrar en las líneas francas, optaran por rodearlos y, en medio de la confusión, lanzarles flechas, jabalinas o tajarles con las largas hojas de sus alfanjes. En vez del ataque frontal, los musulmanes se acercaban en grupos numeroso, tajaban con la espada, les lanzaban flechas y se alejaban. Mientras, la línea franca seguía avanzando intentando producir una brecha en la irregular formación enemiga que, al final, consiguieron explotar. Cada infante franco, intentaba clavar su lanza en las piernas del jinete enemigo o en la cabeza o flancos de su montura, para a continuación emplear su espada contra él. El musulmán, no dejaba de golpear contra el escudo del franco. De este modo, los francos iban avanzando en masa, pisoteando y apuñalando a los jinetes caídos a sus pies, sin perder el contacto con sus compañeros. No es de extrañar que las bajas musulmanas se situaran en 10.000 muertos.
Cuando se trata de explicar la derrota musulmana, se olvida dos principios universales de las batallas antiguas y medievales; uno que, cuando se mantiene la formación y se encuentra una posición defendible, un cuerpo de infantería (en este caso se puede hablar de infantería pesada la que configuraron los infantes francos) casi siempre derrota a un cuerpo de caballería de calidad, y dos, que un ejército de caballería que combate lejos de su país necesitaba del apoyo de la logística si deseaba ser algo más que una simple horda.
Los hombres de Carlos Martel combatían por sus hogares y cerca de los mismos, no por un botín y lejos de sus bases. Aunque los soldados de ambos bandos iban equipados con cotas de malla y espadas de acero adoptadas de los diseños romanos, es probable que los francos utilizasen armaduras y armas más pesadas. Los carolingios tuvieron la precaución de prohibir la exportación de sus cotas de mallas y armas ofensivas, de modo que es factible que los francos contaran con superioridad en diseño y cantidad. Carlos encontró en Poitiers una posición ventajosa en la que su falange no podía ser superada por los flancos ni rodeada, y mantuvo su formación dando la impresión de estar dispuesto a luchar completamente a la defensiva.

Bibliografía:

- DAVIS HANSON, Víctor: Matanza y Cultura, Madrid, 2004.
- HEERS, Jacques: Historia de la Edad Media, Barcelona, 1979. 


 

 Os recordamos que podéis consultar las entradas referentes a la batalla de Poitiers y a su segunda parte.


 

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