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CASTILLOS Y OTROS ELEMENTOS DE PODER

Escrito por Tomás San Clemente De Mingo on . Escrito en Medieval

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CASTILLOS Y OTROS  ELEMENTOS DE PODER

Tomás San Clemente De Mingo

 

A partir del siglo XI se da un incremento en la construcción de castillos. Esto lleva aparejado un importante incremento en gasto de dinero para la guerra en Europa occidental. En la arquitectura militar de ese tiempo, aunque con un propósito más evidente, existía el mismo afán de búsqueda de altura visible en la arquitectura de las iglesias. Esta construcción se caracterizaba por torres que se alzaban hasta el cielo. Comparada con otras formas de fortificación, el castillo era alto y pequeño, demasiado pequeño para dar cabida a más de una pequeña población local, protegiéndola sólo de forma indirecta, al depender de la capacidad de la guarnición para hostigar a las fuerzas invasoras y limitar la destrucción. Los castillos fueron instrumentos de poder y los señores que querían disfrutar de cierta autonomía los encontraban atractivos para sus propósitos. Así, Raimundo III de Rouergue construyó un castillo sobre la roca en Conques para imponer su poder sobre aquellos que no deseaban aceptarlo.

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Los derechos de recaudar impuestos, impartir justicia y todos los beneficios del poder local caían de manera inmediata en manos de aquellos señores que detentaban el control de los castillos. El problema para los príncipes, evidentemente, era mantener la lealtad de estos señores que se erigían en plenipotenciarios en un lugar determinado. Así en 1030, Hugh de Lusignan de la región de Pitevin elaboró un texto en el que incluía sus disputas con el duque Guillermo de Aquitania. En él se afirma que en el oeste de Europa las guerras a pequeña escala eran una continuación habitual de la política local por otros medios. Los castillos eran tanto parte esencial del conflicto como el objetivo del mismo. En principados como Flandes y Normandía donde los dirigentes dominaban a los señores de los castillos, la situación dejaba de ser estable. Según Guillermo de Jumieges, cuando Guillermo se convirtió en el duque de Normandía (1035), la provincia cayó en el caos y "muchos normandos urdieron conspiraciones y rebeliones al sentirse seguros detrás de obras y fortalezas recién construidas". Tiempo después, un siglo concretamente, en la vida de Luís VI de Suger se llega a afirmar que incluso el rey de Francia se sentía incomodado por los señores que le llegaban a desafiar detrás de los muros de sus propios castillos.
Bien es cierto que había otros motivos para la guerra; en gran parte de Europa, la sucesión a un ducado o incluso la real, se decidía sólo después de una lucha por el poder, a menudo una guerra, entre parientes (primos, hermanos, etc). Los casamientos entre las dinastías en el poder que implicaban la guerra de sucesión, con cierta asiduidad, alcanzaban el nivel de guerras entre estados. Estas guerras dinásticas daban lugar a conquistas tan dramáticas como la conquista normanda de Inglaterra o la conquista de Sicilia de la dinastía germana Hohenstaufen. La guerra fue la experiencia común no sólo de las gentes que vivían en las fronteras de Europa sino en casi cualquier otra parte del continente.

 

Bibliografía:

GILLINGHAM Jhon : Una era de expansión,  en KEEN Maurice (eds).; Historia de la Guerra en la Edad Media, Madrid, 2005.

 

 

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