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SER SIERVO Y CABALLERO DE CRISTO ¿CÓMO SE INGRESABA EN LA ÓRDEN DEL TEMPLE?

Escrito por Tomás San Clemente De Mingo on . Escrito en Medieval

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SER SIERVO Y CABALLERO DE CRISTO ¿CÓMO SE INGRESABA EN LA ÓRDEN DEL TEMPLE?

TOMÁS SAN CLEMENTE DE MINGO

Para ingresar en la Orden y ser Caballero de Cristo era necesario, tras la solicitud correspondiente, pasar un periodo de prueba. Era imprescindible pasar por una fase de novicio.
Se prohibía acoger a niños en las encomiendas, no se podía entrar antes de los dieciocho años de edad (esto no se cumpliría a rajatabla), con el argumento de que quien deseara entregar a su hijo al Temple debería educarlo "hasta que sea capaz de empuñar las armas con vigor"; cuando así fuera, los padres deberían de llevarlo a la casa de la Orden (encomienda). Ahí comenzaba el periodo de prueba, sobre el que no se establecía duración concreta.
Al superar esta fase, se preguntaba al resto de hermanos si alguno de ellos tenía algún inconveniente en acoger en la Orden al "nuevo". Si no había objeción por parte de nadie, el pretendiente sería conducido a una estancia situada cerca de la sala donde se reunía el Capítulo, donde era asistido o por "dos hombres de mérito" o por "tres de los más ancianos de la casa", que debían indicarle lo que tenía que hacer a partir de ese momento. Esos padrinos, le preguntaban si solicitaba ingresar en el Temple y ser siervo y esclavo de la Orden "para siempre"; si contestaba que sí, pasaban a explicarle los sufrimientos que debería de afrontar como Caballero templario. A continuación le interrogaban por su condición y acerca de su pasado, para ver si cumplía sus requisitos para ser caballero de la Orden, siendo los siguientes:

- No tener esposa o prometida.
- No haber hecho voto de promesa en ninguna otra orden.
- No tener ninguna deuda con un seglar que no pudiera pagar.
- Estar sano de cuerpo y no padecer enfermedades secretas.
- No ser siervo de ningún hombre.
- No estar excomulgado.

 

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Si cumplía con estos preceptos, el aspirante eran conducido a la sala preparatoria hasta la del Capítulo, a presencia del maestre o de quién lo representara. Los padrinos lo presentaban y declaraban que, tras haberlo sometido a interrogatorio, no encontraban ningún obstáculo que impidiera su ingreso en el Temple.
El maestre se dirigía a los presentes preguntando si alguien conocía algún motivo para no ingresar, y si no lo había, preguntaba al aspirante si solicitaba el ingreso en la Orden, a lo que éste debía responder que sí deseaba ser siervo y esclavo para siempre.
El maestre le advertía que debería obedecer a cuanto se le ordenase, y que no se tendría en cuenta sus deseos y apetencias, sino todo lo contrario, que se le enviaría a servir a la orden a donde no desease ir y que se le despertaría cuando durmiese o se le ordenaría descansar cuando quisiese estar despierto. El aspirante mostraba su acatamiento.
A continuación el maestre le invitaba a salir de la sala capitular para rezar. Tras su salida, volvían a ser preguntados los miembros del Capítulo sobre si había algún motivo de rechazo. Ahora, el aspirante, debía de hincar las rodillas en el suelo, con las manos unidas, y solicitar el ingreso.
Todos juntos rezaban un padrenuestro y el maestre, o el comendador en su caso, le preguntaba si cumplía los requisitos citados, y se le informaba con los siguientes castigos sino era cierto que los reunía:

- Si se demostraba que tenía mujer, sería despojado del hábito, encarcelado y sometido a vergüenza pública y expulsado de la orden para siempre.
- Si subiera estado en otra orden sería despojado del hábito, expulsado del Temple y devuelto a origen.
-Si estuviera enfermo sería expulsado.
- Si se demostrara que había pagado para entrar, sería acusado de simonía y expulsado.
- Si se trataba de un hermano caballero se le podía preguntar si era hijo de caballero y dama y si su padre era del linaje de los caballeros, y si había nacido de un matrimonio legal.

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Cumplido este requisito, se exigía los tres votos monásticos: obediencia al maestre y a cualquier superior, castidad de por vida, y pobreza. Además, tenía que jurar los votos como soldado de Cristo y observar las costumbres y tradiciones de la Orden, ayudar a conquistar Tierra Santa de Jerusalén y no actuar en contra de ningún cristiano. El aspirante pronunciaba a continuación la profesión de fe con la siguiente fórmula:

" Yo, (nombre) estoy dispuesto a servir a la regla de los caballeros de Cristo y de su caballería y prometo servirla con la ayuda de dios por la recompensa de la vida eterna, de tal manera que a partir de este día no permitirá que mí cuello quede libre del yugo de la regla; y para que esta petición de mí profesión pueda ser firmemente observada, entrego este documento escrito en la presencia de los hermanos para siempre, y con mí mano lo pongo al pie del altar que está consagrado en honor de Dios Todopoderoso y de la bendita Virgen María y de todos los santos. Y ahora en adelante prometo obediencia a dios y a esta casa, y vivir sin propiedades, y mantener la castidad según el precepto de nuestro señor el papa, y observar firmemente la forma de vida de los hermanos de la casa de los Caballeros de Cristo"

A cambio de todos estos votos, al aspirante solo le ofrecían "el pan y el agua y las modestas ropas de la casa y mucho dolor y sufrimiento".
La ceremonia continuaba con la imposición de hábitos; el maestre tomaba el manto blanco con la cruz roja, distintivo de los caballeros templarios, y lo colocaba sobre los hombros del aspirantes, atándole las cintas al cuello mientras el capellán rezaba en voz alta el salmo 132 y una oración al Espíritu Santo para rezar todos después un padrenuestro. Un beso en la boca cerraba el ritual (a modo de vasallaje).
Ahora era cuando se le enumeraban las obligaciones, a saber:

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-No golpear a ningún cristiano, ni tirarle del pelo, ni patearlo.
-No jurar por Dios, ni por la Virgen, ni por los santos.
-No usar los servicios de una mujer, salvo por enfermedad y con permiso, ni besar a una mujer, aunque fuera la propia madre o hermana.
-No dirigirse a ningún hombre con insultos ni con palabras malsonantes.
-Dormir siempre en camisa, pantalones y calzones ceñidos con un cinturón y no usar otra ropa que la que proporcionase el hermano pañero.
-Ir a la mesa del comedor sólo cuando sonara la campaña, y esperar a la bendición antes de empezar a comer.
-Levantarse para rezar los maitines y todas las oraciones del día.
-Acudir a capilla en acción de gracias una vez comido.

BIBLIOGRAFÍA:

CORRAL, José Luís: Breve Historia de la orden del Temple, Barcelona, 2007

 SALUDOS

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