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LA PAZ Y TREGUA DE DIOS

Escrito por Tomás San Clemente de Mingo on . Escrito en Medieval

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LA PAZ Y TREGUA DE DIOS

Tomás San Clemente De Mingo

 

En esta época de desorden feudal(1), donde los caballeros están continuamente haciendo la guerra, de debilidad del rey (siglo XI) alguien decide tomar las riendas de la sociedad y organizar la paz; si el rey no puede hacerlo que es débil sin obediencia de los vasallos, va a ser el obispado el que la realiza. Se instituye la Paz de Dios a través de los comicios provinciales y regionales, la primera vez es el año 984 en un concilio de obispos de Aquitania en Charroux (Poitiers) en el que se decide establecer una protección especial sobre los bienes de la iglesia y los campesinos. Esta protección está sancionada por penas eclesiásticas que pueden llegar a la excomunión para quien no lo respete. La Paz de Dios (2) no fue aquel gran movimiento político-social universal mediante el cual la iglesia, al constatar el declive de la autoridad real y la inercia del poder central, tomaba el relevo del poder público desfalleciente para tratar de salvar lo que fuera posible en una sociedad feudal anárquica. A través de aquellos concilios, la iglesia quiso esencialmente proteger las propiedades de las usurpaciones de los señoríos laicos, librarse de su influencia que juzgó ilegítima. Actuando así, lanzó el anatema sobre aquellos que empuñaron las armas contra sus intereses, pero apoyó a aquellos que combatieron para defenderla. “El ideal de la iglesia del siglo XI no fue la abolición de toda guerra. Fue más bien la alternancia entre una tregua colocada bajo su control y una guerra propia y justa sobre la cual su ética tuvo cierta ascendencia”(3).

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El otro fenómeno fue la Tregua de Dios, que en efecto persiguió limitar las guerras privadas, llevadas a cabo por motivos de venganza o por interés. La tregua de Dios aparece en el año 1027, en un concilio en Perpiñan. En él la iglesia prohíbe a los hombres hacer la guerra en ciertos días considerados litúrgicos. La primera vez que se prohíbe, es en domingo donde ese día no se puede verter sangre de ningún cristiano. La prohibición va desde el sábado por la noche al lunes por la mañana, después se extiende a periodos más extensos, con la incorporación de jueves santo y viernes santo, que se prohíbe de miércoles al lunes por la mañana. Se extiende a otros periodos como el adviento, cuaresma y navidad. Excluyó de sus prohibiciones a la hueste real o condal, la acción armada de los príncipes cuyas guerras la ponían menos directamente en peligro. Dirigidas por los poseedores del poder público, fueron reputadas como justas.
En definitiva mediante la paz de Dios, la iglesia no trató de prohibir la guerra y de promover la paz: moralizó la paz y la guerra en función de sus objetivos y de sus intereses; fue precisamente por eso por lo que la Paz de Dios constituyó una etapa preparatoria de la formación de la idea de cruzada(4). Así, Los hombres de guerra son invitados por la iglesia a desplegar fuera de la cristiandad la función específica de la guerra, el espíritu de cruzada nace de la paz de Dios. La iglesia dirige a los guerreros hacia frentes exteriores, hacia oriente a luchar contra el infiel.

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Apoderarse por la violencia, de los bienes de la iglesia y de los pobres, era un peligro para la salvación del alma; realizar la guerra contra el infiel era todo lo contrario, una posibilidad de salvar el alma. Además, la iglesia condenando los beneficios de la violencia en el occidente cristiano, legitimaba la explotación señorial, pues la presentaba como el precio de la seguridad ofrecida por el señorío a la masa de los siervos. Las instituciones de paz (5) satisfacían el primer objetivo de contención de la violencia señorial: paralelamente, la iglesia fue penetrando en el ideario caballeresco, confiriéndole tonalidades religiosas que permitían a aquélla encauzar la actividad guerrera y tener puntos de control sobre los poderes laicos, cuya cohesión ideológica era hasta ese momento más autónoma del pensamiento sacro. La primacía feudal de Papa en lo eclesiástico y en lo civil, resumida en los Dictatus papae, empezó a ser correspondida por una imagen de la caballería cuya función era servir a Dios y a su representante en la tierra. Ya desde el siglo X, la iglesia dedicaba oraciones especiales a los guerreros y, en el tránsito al siglo XI, comenzaron a llenarse de alusiones religiosas las ceremonias de entrega de armas, iniciaciones en la guerra de origen pagano que marcaban la mayoría de edad; esta tendencia sacralizadora fue acentuándose y, pronto, la bendición de las espadas dio paso a la consagración del caballero en rituales regularizados.

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A finales del siglo XI, el obispo Adalberon de Laon crea un modelo de representación ideológica para justificar las desigualdades sociales. Según él, Dios ha divido a los hombres de acuerdo con sus funciones especificas, unos tienen la misión de rezar por la salvación de todos, otros están llamados a combatir para proteger el conjunto de la sociedad, y otro tercer grupo más numeroso corresponde mantener a estos con su trabajo.
La iglesia debía estar exenta de todas exacciones que el poder pudiera realizar sobre sus bienes por medio del pillaje o la fiscalidad. Una parte importante de la producción llegará a sus manos para ser ofrecidos a Dios y ganar los favores de la divinidad. En esta época se invitaba a las donaciones.
El segundo grupo estaba especializado en la guerra, vive en la ociosidad y considera las tareas productivas indignas de su rango, su única obligación es la guerra.
El tercer grupo es el del campesinado, que debe mantener a los dos anteriores, ya que unos garantizan su salvación y otros lo defienden contra las agresiones.


1 FLORI, Jean: La guerra santa: La formación de la idea de cruzada en el occidente cristiano, 2003. p.95

2 IBIDEM p .97

3 IBIDEM. 

4 IBIDEM, p .98

5 GARCÍA-GUIJARRO RAMOS, Luís: Papado, cruzada y órdenes militares. Siglos XI-XIII, Madrid, 1995, p 43.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

- FLORI, Jean: La guerra santa: La formación de la idea de cruzada en el occidente cristiano, 2003

- GARCÍA- GUIJARRO RAMOS, Luís: Papado, cruzada y órdenes militares. Siglos XI-XIII, Madrid, 1995

 

 

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