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EL REINO ASTUR

Escrito por Tomás San Clemente de Mingo on . Escrito en Medieval

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EL REINO ASTUR

Tomás San Clemente De Mingo

 

 

 

Los territorios situados al norte de la cordillera cantábrica y de los pirineos habían quedado al margen del dominio musulmán. Allí vivían unos pueblos que habían conservado unas estructuras sociales arcaicas, sin apenas influencias de ni de romanos ni de visigodos. Esto se manifestaba principalmente entre los vascones y los hispani, denominación que las fuentes francas coetáneas utilizan para referir a los habitantes de la zona pirenaica.
Dichos territorios fueron el escenario del nacimiento de núcleos cristianos en la península ibérica. En la zona cantábrica surgió el reino astur, producto de la confluencia de los habitantes de aquella zona y de los nobles godos que habían encontrado refugio al norte de la montañas septentrionales. La existencia de una extensa "tierra de nadie" en la cuenca del Duero posibilitó la expansión del reino astur en el transcurso del siglo IX y las primeras décadas del X. por otra parte, el núcleo astur-leonés desde comienzos del siglo X, reivindicó la herencia del reino visigodo.

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En los pirineos intervinieron los carolingios, interesados en proteger el flanco sur de sus dominios. En los pirineos occidentales se constituyó el reino de Pamplona. En la zona central surgió el condado de Aragón, dependiente de los francos. la zona nororiental de la península ibérica se convirtió en la Marca hispánica. Estos núcleos, pudieron consolidarse a través de un complejo proceso.
Está unido a la batalla de Covadonga (722), acción en la que los habitantes de la región cantábrica, dirigidos por el noble de origen visigodo Pelayo, salieron victoriosos del enfrentamiento con los musulmanes. Las gentes del norte pelearon en Covadonga para defender su independencia.
Alfonso I (739-757), puede considerarse como el primer rey importante del núcleo cristiano de resistencia surgido en la montañas de Asturias, llevando a cabo varias acciones o correrías a lo largo del valle del Duero. Será con Alfonso II el casto (791-842) cuando el reino astur-leonés cobró gran vitalidad. Alfonso II trasladó la corte, asentada inicialmente en Cangas de Onís, a Oviedo. Su labor principal fue la restauración de la tradición visigótica, plasmándose en medidas como la decisión de dar validez al Liber Iudicum o la reorganización del palatinum, elemento central de la corte. Además, inició la repoblación de la cuenca del Duero, asentando a colonos en el borde meridional de la cordillera cantábrica.
Ramiro I (842-850), fue conocido por el impulso a las artes plásticas, hizo frente a los normandos, que aparecieron en las costas de su reino el año 844. Fue con Ordoño I (850-866), cuando los astures efectuaron un gran avance, aprovechando las desavenencias de Al-Andalus. Se colonizó Tuy (854), Astorga (854), y la de León (856). Inmediatamente después se ordenó rehacer las murallas de León. Los enfrentamientos con los musulmanes dieron éxitos notables, como el conseguido por Ordoño I en Clavijo (860) sobre el gobernador árabe de Zaragoza, así como al fracaso como el de la Morcuera (856).

 

La máxima expansión del reino astur se produjo durante el reinado de Alfonso III el Magno (866-910), colonizándose: Oporto (868), Coímbra (878). Más tarde el conde castellano Diego Rodríguez repoblaba Castrogeriz (833) y Burgos (884). A finales del siglo IX se había hecho lo propio con las poblaciones de Zamora, Simancas Y Toro (900).

En tiempos de García I (910-914), a quien se debe el traslado de la cabeza del reino a León, los condes castellanos avanzaron hasta el Duero, repoblando Roa, Osma y San Esteban de Gormaz. Sin embargo en los días de su sucesores (Ordoño II, Fruela II y Alfonso IV) surgieron tensiones internas, siendo la más importante la secesión de Galicia, que llegó a tener un rey propio (Sancho Ordóñez, 925-929).
En Al- Andalus, con Abd al-Rahman III, los cristianos sufrieron una terrible derrota en la batalla de Valdejunquera (920). Más tarde, Ramiro II (931-951) obtuvo sobre los musulmanes la victoria de Simancas (939), iniciándose la repoblación del valle del Tormes, colonizándose salamanca (941), Ledesma y otras plazas. Al mismo tiempo el conde castellano Fernán González repoblaba Sepúlveda (940).

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Desde mediados del siglo X el reino de León entró en decadencia; disputas internas, aumentaba la dependencia de los cristianos del norte hacia Córdoba ( en las últimas décadas Almanzor lanzó sus terribles campañas contra los núcleos cristianos) Los últimos monarcas de la dinastía astur-leonesa fueron Alfonso V (999-1028), al que se debe la restauración de león después de las razzias de Almanzor, y Bermudo III (1028-1037), coetáneo a la crisis del califato de Córdoba, pero también de la hegemonía de Navarra, dirigida por Sancho el Mayor.
La monarquía astur era bastante elemental. Pelayo había accedido al trono por aclamación. Con posterioridad, los reyes siempre fueron elegido entre familias nobles godas, consiguiendo transmitir el cargo hereditariamente. En cuanto al poder real; el rey ejercía la autoridad suprema del ejército, la justicia y, en general, la administración del reino y siempre precisó del apoyo de la aristocracia.

 

 

BIBLIOGRAFÍA: VVAA: Historia de España, Barcelona, 1991

 

 

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