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LA ÚLTIMA BATALLA ENTRE ESPAÑOLES Y SUIZOS

Escrito por Tomás San Clemente De Mingo on . Escrito en Moderna

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FUENTE: caminoarocroi.wordpress.com

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LA ÚLTIMA BATALLA ENTRE ESPAÑOLES Y SUIZOS

ALEX CLARAMUNT SOTO

A principios del siglo XVI los piqueros suizos eran, junto con sus antagonistas los lansquenetes alemanes, los mercenarios por excelencia del continente europeo; una tropa temida por su pericia y su cohesión en el combate que hasta la batalla de Bicocca (en 1522) no tuvo rival. Carlos el Temerario, duque de Borgoña, y el Sacro Emperador Maximiliano I se enfrentaron a ellos y perdieron. Fueron los arcabuces españoles, en Bicocca, los que pusieron fin al mito de la invencibilidad suiza.
Si bien es cierto que tras la batalla de Marignano contra Francia y la República de Venecia, en 1515, la Antigua Confederación Suiza no volvió a tomar parte en ninguna guerra fuera de sus fronteras, no es menos cierto que varios de sus cantones sí que participaron, aunque de forma indirecta, en la Guerra de los 30 Años. Y en este contexto tuvo lugar, el 11 de septiembre de 1620, la última batalla que enfrentó directamente a españoles contra suizos.
En 1620 la Valtelina era una región de gran valor estratégico para el tránsito de tropas a través de los Alpes. Se trata de un largo valle que unía el ducado de Milán con el Tirol austríaco y que formaba parte de las Tres Ligas de los Grisones, de religión calvinista. Los pobladores de la Valtelina, sin embargo, eran católicos en su mayoría, y hartos de las leyes discriminatorias impuestas por los nobles protestantes, se rebelaron en julio de 1620 dirigidos por el terrateniente Giacomo Robustelli y masacraron a 600 o 700 calvinistas en unos hechos que el historiador español coetáneo Gonzalo de Céspedes y Meneses, poco inclinado a los protestantes, equiparó a las Vísperas Sicilianas.

MAPPPA

Mapa de los Grisones en 1618, obra de Philipp Clüver. La Valtelina se sitúa abajo, a la derecha del estrecho lago de Como. Para añadir leña al fuego, el territorio hacía frontera con la República de Venecia, a la que España se había enfrentado entre 1617 y 1618 en la Guerra de Gradisca.

La respuesta de los Grisones no se hizo esperar, y un ejército formado por tropas de esta liga, más otras enviadas por Berna y Zúrich, entre las que se contaban no pocos mercenarios holandeses que habían combatido bajo bandera veneciana en la Guerra de Gradisca, penetró en el valle para restaurar el orden. Superados en número, los católicos de la Valtelina pidieron socorro al Duque de Feria, gobernador español de Milán. Viendo la ocasión de sacar una pingüe tajada, este despachó algunas tropas en auxilio de los del valle.
Navegando por el estrecho lago de Como, los refuerzos españoles desembarcaron en la Valtelina y rápidamente expulsaron a los grisones de Riva de Chiavenna, donde Gerónimo de Pimentel, general de la caballería ligera de Milán y jefe de la fuerza, dejó cuatro compañías de infantería y 40 caballos con dos piezas de artillería como guarnición.
A principios de septiembre le llegaron noticias a Pimentel de que 7.000 suizos bajaban de Bormio hacia el valle y que Robustelli, con su gente, se iba replegando en dirección a Tirano. Hacia allí se dirigió Pimentel con 800 infantes españoles del tercio de Juan Bravo, 500 italianos del de Giovanni de Médicis y cuatro compañías de arcabuceros a caballo con 300 efectivos, resuelto a presentar batalla en campo abierto a pesar del voto contrario de varios de sus capitanes. En verdad, el paraje de Tirano no ofrecía, a primera vista, reparos contra los suizos, y la milicia de Robustelli era bisoña y estaba mal equipada. Pimentel, empero, desoyó todas las voces.

BATALLA

                                            La batalla de Tirano en un mapa contemporáneo de Aegidius Sadeler.

El 11 de septiembre, ante la cercanía de los suizos, el capitán español formó con su infantería un único batallón, desgajó varias mangas de arcabuceros y mosqueteros para entretener con escaramuzas a la vanguardia enemiga, y la caballería, salvo una compañía que envió con los escaramuzadores, la apostó en el flanco derecho, menos escarpado que el izquierdo, que ascendía hacia las montañas hasta volverse impracticable.
Los suizos, al mando de sus coroneles Niklaus von Mülinen (de Berna), Hans Jakob Steiner (de Zúrich) y Johann Guler (de los Grisones), formaron tres batallones; el principal de 3.000 hombres, y avanzaron uno tras otro, el de Zúrich en retaguardia, hacia la posición española. Su marcha se vio frenada por los riachuelos que descendían de las alturas, por las paredes de piedra que dividían los campos y por los viñedos que allí crecían. Todo ello bajo el fuego de las mangas de arcabuceros españolas y la caballería que los sostenía.

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                                            Soldados suizos de mediados del siglo XVII (Martin Disteli, 1839).
Octavio Custodio, el comisario general de la caballería española, murió de un disparo al dar comienzo la acción, pero los suizos, acribillados por las bocas de fuego emboscadas en el terreno, llevaron la peor parte. En lo que pareció una pequeña repetición de Bicocca, cayeron 400 en apenas 15 minutos, Von Mülinen entre ellos. Pimentel, que los veía flaquear, avanzó con su batallón de infantería y sus arcabuceros a caballo, que embistieron al batallón suizo de frente y por la izquierda. Los de Berna se vinieron abajo y emprendieron la fuga hacia el río Ada. Los grisones, que iban detrás, se vieron arrollados, y no pocos se ahogaron en la huida.
Pasadas dos horas desde el inicio de la batalla los españoles parecían vencedores y dueños del bagaje enemigo. Sin embargo, cuando estaban desordenados en pleno saqueo, apareció en las lomas a su izquierda el batallón de Zúrich en buen orden. Pimentel logró reunir a los suyos a tiempo de impedir que cambiasen las tornas del combate, y aún así los suizos hicieron retroceder al batallón español en el choque de picas hasta un reducto donde los de Pimentel se hicieron fuertes y mermaron con fuego de arcabuces y mosquetes la acometida suiza.
Al caer la noche, el batallón de Zúrich se retiró para descansar y meditar el siguiente paso. La tropa estaba agotada y temía un ataque de la milicia católica, conque los oficiales suizos, pragmáticos, resolvieron volverse a Zúrich en lugar de jugarse el pellejo por los grisones. Cuando salió el sol la mañana siguiente, los hombres de Pimentel no encontraron en el campo más que muertos. Los suizos sufrieron 2.000 bajas frente a un centenar de españoles entre muertos y heridos. Como consecuencia del choque, la Valtelina conservó su independencia de los Grisones hasta 1639.

ALEX CLARAMUNT SOTO  es coautor de : Rocroi y La Pérdida del Rosellón. Ocaso y gloria de los Tercios, editoril HRM, Zaragoza, 2014. Su ültimo libro es "Farnesio. La ocasión perdida de los Tercios", editorial HRM, Zaragoza, 2016.

 

Bibliografía utilizada en el artículo:

* De Céspedes y Meneses, Gonzalo: Historia de don Felipe IV, rey de las Españas. Barcelona: Sebastian de Cormellas 1634.
* De Novoa, Matías: Historia de Felipe III, rey de España. En: Colección de documentos inéditos para la historia de España, LXI. Madrid: Miguel Ginesta, 1875.
* https://de.wikipedia.org/wiki/Schlacht_bei_Tirano

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