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FLANDES NO FUE SU SEPULTURA. JULIÁN ROMERO, UN CASO EXCEPCIONAL

Escrito por Tomás San Clemente De Mingo on . Escrito en Moderna

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FLANDES NO FUE SU SEPULTURA. JULIÁN ROMERO, UN CASO EXCEPCIONAL

TOMÁS SAN CLEMENTE DE MINGO

En 1567 el duque de Alba acababa de ser enviado para atajar la sublevación en Flandes; tras él un ejército cuyo núcleo principal lo formaban los cuatro tercios viejos; entre ellos, el de Sicilia mandado por el celebérrimo maestre de campo Julián Romero. Mucho tiempo había pasado desde el enganche de aquel joven de 16 que años que decidió en 1534 probar suerte en el ejército de la Monarquía hispánica. Años de servicios por los más variopintos lugares: En las arenas norte africanas (participando en la toma de la Goleta ó en la expedición a Túnez), en el asalto a Duren, pasando por Inglaterra dónde se distinguió en la batalla de Pinkie Cleugh (10 de septiembre de 1547 donde adquirió el título de Sir) más tarde destacó en las batallas de San Quintin (1557) y Gravelinas (13 de julio de 1558), y en el socorro al asedio de Malta (1565).
Tras la llamada del duque de Alba en 1567, con motivo de la rebelión en Flandes, Julián Romero y su tercio, con base en Malinas, tuvieron que multiplicarse para hacer frente a los rebeldes en diferentes lugares. Y poco después de su llegada, concretamente el 21 de julio de 1568, tuvo lugar la batalla de Jemmingen: el ejército rebelde de Luís de Nassau fue literalmente aplastado con 6000 bajas frente a las 70 de la Monarquía hispánica.
En octubre de 1568 es enviado por el duque de Alba a la población de Tongre para observar si los holandeses estaban reforzando la población. Ocupó son sus fuerzas un bosque que estaba en las proximidades; tenía noticias de que por la zona se encontraban unidades de herreruelos enemigos. No los encontró y al tiempo que ordenaba la retirada vio como bajaban por las laderas de las montañas 4.000 arcabuceros y 600 caballos enemigos. Contuvo con sus unidades la carga impidiendo la entrada a la población hasta que apareció en su ayuda don Fadrique de Toledo con 1.000 arcabuceros del tercio Alonso de Ulloa y 500 arcabuceros valones. Juntos, hicieron huir a los holandeses a costa de 20 muertos y ser herido Julián Romero.

ENCAMISADA

Después de una estancia en España, Julián (1572) regresa con el duque de Medinaceli a Flandes. De nuevo se vio envuelto en asedios, encamisadas y victorias a campo abierto. A primeros de septiembre junto con el duque de Alba se encontró en la población de Mons, lugar defendido por Luís de Nassau. El príncipe de Orange se encontraba en la frontera con Alemania, y decidió junto con 11.000 infantes y 6.000 caballos, ir en socorro de su hermano. Pasó Henao y llegó a Jemmpaes el día 9 de septiembre de 1572, lugar que estaba a un cuarto de legua del campamento de Alba y Medinaceli. Al día siguiente atacaron los rebeldes siendo rechazados por los arcabuceros españoles. Días más tarde, Julián Romero con varios cientos de soldados españoles decidió ponerse la camisa sobre la coraza y realizar un golpe de mano o encamisada; penetró en el campamento enemigo causando 300 muertos frente a los 70 caídos españoles.

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TUVO QUE LADRAR UN PERRO HEREJE

Días más tarde se celebró con júbilo en el campamento español la matanza de hugonotes en el día de san Bartolomé. La fiesta llegó a oídos de Guillermo de Nassau que previendo la imposibilidad d recibir tropas franceses de apoyo, decidió retirarse a Malinas abandonando a su hermano a su suerte en Mons. En su huída, le persiguieron 800 españoles a caballo que, atacando por la noche junto con arcabuceros de Julián Romero le causaron 400 bajas; y le hubieran capturado a él de no ser por el aviso de los ladridos de un perro. Como era previsible Mons capituló y Luís de Nassau se refugió en Dillemburg. Posteriormente la ciudad de Zuphen y Naerden fueron tomadas y squeadas; ambos casos significaron un alivio para que los soldados recibieran lo suficiente para subsistir, y un ejemplo para que otras ciudades de la otra parte del Rin en las provincias de Groninga, Overijssel, Frisia y Utrecht volvieran a la obediencia del rey de España.

LO IMPULSIVO EN EL ASEDIO DE HARLEEM

Fadrique de Toledo entabló conversaciones con Harleem que se había inclinado por el bando rebelde. Conversaciones que significaron conceder el tiempo necesario para que se reforzaran con más tropas y vituallas. Sin más dilación, Fadrique tras conquistar unos pasos intermedios llegó a Harlem el 12 de diciembre con la fortuna de toparse con un ejército de 3.000 hombres que iban a reforzar la ciudad. El contingente fue vencido, y la munición y las vituallas fueron una bendición para las fuerzas españolas.
El 18 de diciembre se comenzaron a batir las murallas y se preparó un puente sobre el hielo que sería necesario para el ataque. La impaciencia del capitán Francisco de Vargas hizo que se lanzara él y 150 arcabuceros al asalto. Julián Romero entró en escena y convenció al capitán para se retirase de tan absurdo empeño. Julian Romero les dijo : "¿Qué temeridad os lleva? o mejor decir que frenesí... dejad pues ahora el ímpetu que os ciega". Depusieron su actitud pero aquella conversación le costó perder un ojo a causa de un arcabuzazo holandés. En 1573, Julián Romero estaba, otra vez, frente a las murallas de Harleem.
El 8 de julio el príncipe de Orange en persona intentó socorrer a los sitiados. Las fuerzas de Fadrique le derrotaron completamente, y los sitiados al perder toda esperanza de auxilio se rindieron el 12 de julio de 1573.

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                                                                                SITIO DE HARLEEM

REQUESENS NUEVO GOBERNADOR Y AVENTURA PASADA POR AGUA.

A finales de noviembre de 1573, el duque de Alba fue sustituido por Luís de Requesens como gobernador de los Países Bajos. Este preparó una armada para poder ayudar a los sitiados de Midelburgo. En ella iba Julián Romero con 62 navíos de guerra seguidos de un número indeterminado de barcazas. La flota española acabó encallando, siendo rematados por la flota holandesa. la derrota se llevó la vida de 700 hombres, además el coronel Mondragón tuvo que rendir las dos plazas a su cargo (Midelburgo y Ramua) por no contar con provisiones para mantener la defensa.
Después vino la victoria campal en Mock (14 de abril de 1574) donde los holandeses dejaron a más de 3.000 cadáveres frente a los 50 españoles.
A finales de 1575 Julián Romero se encuentra en el cerco de Zerkicea. Cerca de 4.000 españoles cruzaron un canal de 6 kilómetros, con el agua al pecho y las armas sobre la cabeza, hostigados por los cañones de la escuadra holandesa. Al despuntar la mañana los españoles se lanzaron al asalto: Julián Romero con 400 hombres degolló a cuatro compañías, tomó tres banderas y capturó al coronel de Floyon.

MOTÍN Y AMBERES EN EL HORIZONTE

En 1576 Requesens había fallecido y los tercios deciden amotinarse quedando en espera en la ciudad de Alost. Mientras, se había dado un levantamiento generalizado rebelde. Sin ningún obstáculo, los holandeses entraron en Amberes el 3 de octubre de 1576, que de esta manera faltaban a la palabra dada a sancho Dávila los gobernadores de la misma. Comenzaron a realizar trincheras y fortificaciones en las calles con la intención de batir el castillo. Los sitiadores eran más de 14.000 civiles armados y 6.000 soldados. Esa noche los españoles realizaron una primera salida matando a 50 hombres y al día siguiente, comenzó el cañoneo en ambas direcciones. Los amotinados decidieron ir a socorrer a sus camadas que se encontraban en el castillo de Amberes. Llegaron de madrugada a la misma vez que Julian Romero y unos 600 hombres. Todos entraron al resguardo de las murallas del castillo. Había un total de 2.200 infantes españoles, 800 alemanes y 500 caballos. Amotinados y no amotinados salieron de las murallas cargando contra el enemigo; Julián Romero arremetió por la calle de San Jorge y los amotinados hicieron lo propio por la calle San Miguel. Murieron 14 españoles, 2500 rebeldes y el doble intentando huir. Los tercios se dedicaron al pillaje y saqueo de la ciudad.

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Julián Romero tuvo que abandonar Flandes junto con sus tercios dando cumplimiento al Edicto perpetuo. Nueve meses después debía volver atendiendo al llamamiento de don Juan de Austria. El maestre de campo general se puso en camino y cayó fulminado de su caballo de un ataque al corazón. Era el 1577, tenía 59 años, había perdido un brazo, un ojo, cojeaba de una pierna y solo tenía un oido, pero no había fallecido en Flandes: su cuerpo yacía en las inmediaciones de Cremona (Italia).

BIBLIOGRAFÍA:

CLARAMUNT Alex, RONCO Francisco y SAN CLEMENTE DE MINGO, Tomás (2014): "Soldados en la Edad Moderna",HRM,  Zaragoza.

 

SALUDOS

 

 

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