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LA MISTERIOSA RUTA DE ANIBAL ¿DESVELADA POR LOS EXCREMENTOS DE SUS CABALLOS DE GUERRA?

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LA MISTERIOSA RUTA DE ANIBAL ¿DESVELADA POR LOS EXCREMENTOS DE SUS CABALLOS DE GUERRA?

M.P.V

Un grupo de microbiólogos dice haber descubierto restos de excrementos de los animales del ejército cartaginés en el paso de Traversette. El hallazgo podría poner fin al enigma sobre la posible ruta que el contingente utilizó para cruzar los Alpes.

Fue una de las hazañas más grandes de toda historia militar y, a día de hoy, es recordada por su extrema dificultad. Corría el año 218 a.C. cuando -a pesar del insoportable frío, las constantes nevadas y lo escarpado del terreno- el general cartaginés Anibal Barca logró atravesar los Alpes junto a 30.000 soldados, 12.000 caballos y 37 elefantes de guerra. Su objetivo: llegar hasta las puertas de Roma y conquistar por sorpresa la ciudad. Sin embargo, y a pesar lo increíble que fue la gesta, hasta ahora seguía habiendo un misterio a su alrededor que desconcertaba a los expertos:¿Qué ruta utilizó el militar para cruzar las montañas?
Esta pregunta podría haber sido respondida por un grupo de microbiólogos del Instituto para la Seguridad Alimentaria Mundial y la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Queen de Belfast. Estos dicen haber descubierto la ruta (y desvelado uno de los mayores misterios de la historia militar) en base a sus muchos conocimientos científicos y a unos pocos excrementos de caballo. Y es que, el equipo -dirigido por Bill Mahaney, de la universidad de York- afirma haber encontrado heces de los mismos animales que Anibal utilizó para cruzar los Alpes en el paso de Traversette, ubicado entre Francia y Turín.
Las pruebas
Para llegar a esta conclusión, el equipo se sustenta en una serie de análisismicrobianos, de química ambiental y de polen realizados sobre undepósito de materiales fecales -probablemente de caballos- hallados en el paso de Traversette. Estos restos han sido fechados alrededor del año 200 a.C. gracias a un estudio de isótopos de carbono y, por suerte, han sido hallados en el interior de un viejo pantano (uno de los pocos lugares que podría haber sido utilizado por el ejército de Anibal para dar de beber a sus monturas. El lugar fue descubierto durante una serie de expediciones geológicas realizadas en la zona.
En palabras de los expertos, más de un 70% de los microbios del estiércol son de un grupo conocido como clostridium, los cuales suelen aparecer en la flora intestinal habitual de animales. Su futuro análisis, además, podría llevar a la confirmación absoluta de que pertenecen a las monturas cartagineses. Con todo, y a pesar de lo interesante del hallazgo, de momento los investigadores han sido incapaces de determinar con total seguridad el origen animal o humano de las bacterias.
«El análisis genético necesita ser ampliado para estar completamente seguros. Actualmente estoy liderando un programa de microbiología para tratar de reconstruir total o parcialmente las muestras de clostridium encontradas en el fango de Traversette», ha explicado Chris Allen (profesor titular de Microbiología del Medio Ambiente en la Universidad Queen de Belfast y colaborador en el estudio) en un artículo publicado en la página especializada «The Conversation».
En este sentido, el experto ha señalado que también están tratando de encontrar los huevos de las tenias intestinales que pudieran residir dentro de los animales y que hayan quedado «guardados en el lugar como diminutas cápsulas de tiempo».
El paso más difícil
El paso de Traversette es sumamente estrecho y está ubicado en una hilera de picos que se encuentra entre al sur-este de Grenoble (en Francia) y sur-oeste de Turín (en Italia). Se encuentra a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar y, según Allen, es un camino sumamente irregular y abrupto. Esta ruta, curiosamente, fue propuesta hace más de un siglo por el filósofo Sir Gavin de Beer, aunque no fue aceptado por la comunidad científica. En la actualidad, así pues, se le ha dado la razón a este experto.
Con todo, a día de hoy sigue pareciendo extraño que Anibal usase este camino, pues es uno de los más difíciles de la zona. «Aníbal no estaba preocupado entonces por las acciones del ejército romano, le preocupaban más los ataques de las tribus que habitaban esa región, la mayoría galas. Eran una fuerza militar importante y, quizá, se vio obligado a tomar la ruta más difícil para evitar caer en una devastadora emboscada», añade Allen. A pesar de esta teoría, todavía se sigue barajando que pudiera dirigir a su ejército a través de pasos como el de du Clapier, ubicado más al norte y mucho menos traicionero.

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HALLAN RESTOS DE LA MAYOR BATALLA DE LA EDAD DE BRONCE

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FUENTE: larazon.es

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HALLAN RESTOS DE LA MAYOR BATALLA DE LA EDAD DE BRONCE

E. VILLAR

Hace cerca de 3200 años, dos ejércitos se cruzaron a la vera de un río junto al Mar Báltico. Fue un auténtico “choque de trenes” que, aunque parezca increíble, no había quedado registrado en los libros de historia. Hasta ahora.
Una investigación publicada por la revista Science ha sacado a la luz este enfrentamiento en el que miles de guerreros se citaron para una lucha brutal a base de armas de madera, piedra y bronce, por aquella época lo último de lo último en armamento.
La batalla tuvo lugar a orillas del río Tollense, una cinta estrecha de agua en el norte de Alemania, a 120 kilómetros de Berlín, y se saldó, según el arqueólogo Andrew Curry, con cientos de cadáveres flotando en el agua después de ser saqueados. De este episodio no había quedado constancia alguna en los libros, pero las prospecciones arqueológicas han logrado reconstruir lo ocurrido.
La primera pista se obtuvo en 1996, cuando un arqueólogo aficionado encontró un hueso de brazo atravesado por una punta de flecha de pedernal. De ahí se extrajeron un cráneo y otro grupo de huesos que las técnicas científicas de datación situaron en plena Edad de Bronce, en torno al año 1250 antes de Cristo.
Los trabajos de excavación no se retomaron hasta 2009, por espacio de seis años, y corrieron a cargo de arqueólogos del Departamento de Mecklenburg-Vorpommern de Preservación Histórica (MVDHP) y la Universidad de Greifswald (UG), que han descubierto palos de madera, puntas de lanza de bronce y piedra, puntas de flecha y bronce. Junto a ello, restos de cinco caballos y más de 100 hombres, aunque se cree que muchos más permanecen sin sacar a la luz.
“Estamos posiblemente ante un conflicto de una escala hasta ahora desconocida norte por completo de los Alpes», dice el co-director Thomas Terberger, un arqueólogo de la Baja Sajonia Servicio Estatal de Patrimonio Cultural en Hannover, a la revista Science. «No hay nada parecido que compararlo”, añade.
Y van aún más lejos: apuntan a que puede ser la evidencia más temprana de una batalla de este tamaño en cualquier parte del mundo antiguo.
«Tenemos 130 personas, mínimo y cinco caballos. Y sólo hemos abierto 450 metros cuadrados. Eso es el 10% de la capa de descubrimiento, a lo sumo, tal vez sólo el 3% o 4% «, dice Detlef Jantzen, arqueólogo en jefe de MVDHP. «Si excavamos toda la zona, podríamos tener 750 personas. Eso es increíble para la edad de bronce”, agrega, y recuerda que, si se cumplen los cálculos de que uno de cada cinco soldados murió, la cifra de combatientes podría ascender a 4.000.
El escaneo de los huesos utilizando la tomografía computerizada microscópica en un instituto de ciencia de los materiales en Berlín y la Universidad de Rostock ha producido imágenes detalladas en 3D de las lesiones. Además, las gammagrafías óseas también han agudizado la imagen de cómo se desarrolló la batalla, dice Terberger, aunque el motivo exacto por el que dos ejércitos se cruzaron en aquel lugar sigue siendo un misterio.
Los restos químicos hallados en los restos óseos y, sobre todo, en los dientes, sugieren que la mayoría de los guerreros vinieron de cientos de kilómetros de distancia y de lugares diferentes, un dato que se refleja en las evidencias de la dietas que seguían algunos de ellos. «Podemos concluir que los muertos vinieron de muy diferentes lugares y que no eran agricultores-soldados, sino luchadores profesionales”, concluyen los científicos.

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LASER Y DRONES DESVELAN LOS SECRETOS DE UNA GRAN MINA DE ORO EN LEÓN

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LASER Y DRONES DESVELAN LOS SECRETOS DE UNA GRAN MINA DE ORO EN LEÓN

La combinación de tecnología láser aerotransportada e imágenes de drones ofrece novedosa información sobre el valle del Eria (León) para elaborar imágenes en 3D que revelan estructuras ocultas en el valle del Eria, en León. En esta zona estuvo ubicada una de las mayores minas de oro del Imperio Romano pero a día de hoy apenas se pueden distinguir estos yacimientos a simple vista debido a la cubierta vegetal. Sin embargo, una nueva metodología amplia las perspectivas tanto para los arqueólogos como para el desarrollo turístico de la zona.
Investigadores de la Universidad de Salamanca han empleado una nueva metodología que consiste en combinar la información que ofrece la tecnología láser aerotransportada (LiDAR, (Light Detection and Ranging) y la fotogrametría aérea captada desde drones para elaborar imágenes en 3D de las explotaciones mineras del valle del Eria, en la provincia de León.
Los datos más recientes indican que en esta zona estuvo uno de los mayores complejos mineros de oro del Imperio Romano, cuyas estructuras aún se conservan sobre el terreno, aunque se aprecian con dificultad a simple vista, cubiertas por la vegetación. Gracias a esta nueva metodología los investigadores han averiguado muchos más detalles acerca de los canales hidráulicos que sirvieron para explotar los yacimientos que hasta ahora estaban ocultos por falta de resolución.
En un artículo publicado en la revista Journal of Archaeological Science: Reports, los científicos describen el procedimiento, que puede ser de gran utilidad para los arqueólogos y que en este caso ha permitido descubrir la existencia de drenajes perpendiculares a los canales principales, que pudieron servir de aliviadero para soltar agua cuando hubiese un excedente que pusiera en peligro las labores mineras o como derivaciones hacia otros puntos de interés de las explotaciones.
Además, los drones y los modelos digitales “ofrecen pruebas claras de que las minas más altas son las más recientes, ya que cortan a las inferiores, corroborando lo que habían propuesto otros investigadores”, explica a DiCYT Javier Fernández Lozano, geólogo de la Universidad de Salamanca que firma el artículo junto a su compañero Gabriel Gutiérrez Alonso. Este dato confirma que los romanos tenían un elaborado método de extracción sistemática que probablemente empleó a un grupo numeroso de personal cualificado.
Las fotografías aéreas ayudan a ver este tipo de estructuras, pero cuando la vegetación es abundante, no sirve para mucho. En cambio, la tecnología LiDAR permite cartografiar el terreno de forma fiable. Desde el aire envía un pulso láser que rebota contra el suelo y va ofreciendo información sobre el relieve, aunque haya vegetación de por medio.

El Instituto Geográfico Nacional (IGN) tiene un repositorio con esta información, pero la resolución disponible no siempre permite apreciar ciertos detalles. Por eso, los investigadores han utilizado un dron para obtener nuevas imágenes que complementen sus datos. Al comparar las dos técnicas y someter la información a tratamientos estadísticos y técnicas de tratamiento de imagen, han encontrado muchas novedades que se aprecian perfectamente en 3D.
Un posible geoparque
Por eso, los autores del trabajo consideran que este resultado no solo es útil para los profesionales, sino que puede tener un gran atractivo para el público en general y potenciar el turismo de las comarcas de La Cabrera y Valdería, sobre las que se asienta este distrito minero romano. Lo ideal sería “llegar a conseguir un geoparque”, una figura que otorga la UNESCO a los territorios con un especial interés geológico y cultural. La información digital sobre las actividades mineras romanas podría incorporarse a páginas web, aplicaciones o centros de interpretación y permitiría ver lo que no es posible observar sobre el terreno de forma directa.
Entre la cumbre del Teleno, a 2.188 metros de altitud, y la localidad de Castrocontrigo, a 911 metros, se extienden más de 13.000 hectáreas de explotación minera, hoy parcialmente oculta. Los cálculos más recientes señalan que la suma del oro extraído entre la Sierra del Teleno y la Cuenca del Eria podría superar las 9 toneladas, frente a otro enclave aurífero leonés mucho más conocido, Las Médulas, donde los romanos habrían logrado entre 3,5 y 5 toneladas.
Según Javier Fernández Lozano, estos datos permiten afirmar que, por su extensión, se trata de uno de los mayores distritos mineros de oro del Imperio Romano. Sin embargo, el tiempo ha ido borrando sus huellas y este tipo de estudios y la recreación de los datos en forma de imágenes accesibles para el gran público, puede dar a conocer este patrimonio geológico e histórico de gran interés.

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PALENCIA, EN EL CALENDARIO DE NATIONAL GEOGRAPHIC.

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FUENTE: onemagazine.es

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PALENCIA, EN EL CALENDARIO DE NATIONAL GEOGRAPHIC.

El mosaico de Ulises de Skyros, en la Olmeda, es considerado un yacimiento arqueológico de interés mundial y comparte espacio con la Tumba de Tutankamón, los restos de la ciudad de Pompeya o la Ciudad Perdida de los Andes.
El mosaico de la habitación principal de la villa romana de La Olmeda ha sido la imagen elegida por la organización internacional National Geographic para presentar al yacimiento romano de Pedrosa de la Vega (Palencia) como uno de los grandes descubrimientos de la arqueología mundial.

Entre las Cuevas de Ajanta, joya del budismo en la India, y el gran Templo de Ramsés II, bajo las arenas del desierto, el calendario 2016 de Historia de National Geographic muestra parte delmosaico de Ulises de Skyros, ha informado la Diputación de Palencia, responsable de la gestión de este yacimiento.De esta forma, La Olmeda comparte año con maravillas arqueológicas como la impresionante Tumba de Tutankamón, el fabuloso bestiario de la Cueva de Lascaux, la deslumbrante Ciudad Perdida de los Andes, los magníficos restos de la ciudad de Pompeya o el espectacular Tikal, baluarte del esplendor de la civilización Maya.

Aunque ha sido ahora cuando la organización, una de las mayores a escala internacional dedicada a la difusión de la cultura y la educación, ha plasmado en forma de calendario la relevancia arqueológica y científica de La Olmeda, su interés no es nuevo.

El 12 de septiembre de 2013 ya publicó un amplio reportaje en su revista en España que, bajo el título "La Olmeda, una fastuosa villa romana en Hispania", coronó como un gran descubrimiento.Tres meses después, en diciembre de 2013, informó sobre la exposición "Femenino. Ser mujer en Roma", que acogió el yacimiento arqueológico palentino para reivindicar la figura y la dimensión de la mujer en la Antigua Roma.

Y en enero de 2014, la publicación dio a conocer la integración de La Olmeda en la Red de Villas Romanas de Hispania.

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NI LOS BAÑOS NI LAS LETRINA PÚBLICAS LIBRARON A ROMA DE LOS PARÁSITOS

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FUENTE: elpais.com

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NI LOS BAÑOS NI LAS LETRINA PÚBLICAS LIBRARON A ROMA DE LOS PARÁSITOS

Cuando aún no era un imperio, ni siquiera una república, Roma ya contaba con la Cloaca Máxima, hace unos 2.600 años. Más tarde vendrían los acueductos para llevar agua limpia a la ciudad, los baños o las letrinas públicas. Con la expansión primero republicana y después imperial, los romanos llevaron su cultura e instalaciones de salud pública por la mayor parte del mundo entonces conocido. Sin embargo, la incidencia de infecciones intestinales y ectoparásitos no se redujo. En ocasiones, incluso, la civilización romana hizo de vector de patógenos.
Las nociones modernas sobre higiene pública son del siglo XIX. La Revolución Industrial y la urbanización fueron paralelas a la revolución médica. Con las aportaciones de Louis Pasteur, Robert Koch y otros, la microbiología sacó de las sombras a los gérmenes responsables de muchas enfermedades. Y las que no eran de origen microbiano podían combatirse con medidas de higiene tanto pública como privada. Hasta hubo un movimiento higienista que quiso aplicar estas ideas a la arquitectura.
Por eso siempre ha fascinado cómo la civilización romana cuidó de la salud e higiene públicas. Desde la grandiosa Roma, con sus 14 acueductos, hasta la ciudad hispana más pequeña, todas las urbes romanas contaban con baños públicos, dotados la mayoría de agua caliente. Casi lo mismo se puede decir de las letrinas, contadas por decenas en la capital y con cursos de agua para arrastrar las deposiciones o esponjas enganchadas a un palo para limpiarse. ¿Se adelantaron los romanos a su tiempo o, en realidad, no pensaban en reducir las infecciones cuando construían una letrina?
Mientras en el Neolítico predominan los parásitos de origen animal, en Roma son las infecciones por higiene
"Era de esperar que las distintas tecnologías sanitarias romanas, como las letrinas públicas, el agua limpia de los acueductos o los baños públicos mejoraran la salud intestinal de la población reduciendo los parásitos. Sin embargo, las evidencias arqueológicas no lo demuestran", dice el antropólogo y paleopatólogo de la Universidad de Cambridge, Piers Mitchell. Tampoco se redujo la incidencia de piojos, ladillas y otros ectoparásitos.
Mitchell ha estudiado decenas de yacimientos arqueológicos, algunosin situ, otros recurriendo a investigaciones ya publicadas, para medir la incidencia de los endoparásitos (lombrices, tenias, nemátodos...) y ectoparásitos en tiempos de Roma. Los huevos de la mayoría de los endoparásitos intestinales se conservan durante milenios gracias a la quitina de la que está hecho su caparazón, un material que da consistencia al exoesqueleto de los artrópodos. La otra gran fuente de información para la paleoparasitología son los coprolitos, heces endurecidas o en proceso de fosilización.
Tal como explica el arqueólogo británico en la revista Parasitology, el número de huevos de endoparásitos por centímetro cuadrado de coprolito puede dar una indicación del grado de parasitismo en un momento dado de la historia. Así, las pruebas reunidas por Mitchell señalan que no hubo una mejora significativa en las regiones controladas por Roma respecto a lo que se sabe de los parásitos en el Neolítico o en las edades de Bronce y de Hierro. "No hay un descenso de parásitos con los romanos. Y esto vale tanto para los gusanos intestinales como para los ectoparásitos como pulgas y piojos", sostiene Mitchell.
Otra forma de medir la incidencia de los parásitos es hacia adelante, comparando la situación romana con la época inmediatamente posterior, la Edad Media. En este caso, además, el Medievo está grabado en el imaginario colectivo como una era oscura, sucia y alejada de la luz de Roma. Aunque es cierto que desaparecieron la mayoría de las infraestructuras de salud pública y el decoro cristiano acabó con las que quedaron, los datos no son favorables para la civilización romana. En la ciudad de York (actual Reino Unido), por ejemplo, la densidad de piojos, ladillas o pulgas en el estrato romano, el de las posteriores invasiones vikingas y el medieval es muy similar.
Garo, la salsa de pescado con gusanos
Lo que sí ha comprobado este estudio es una evolución en el tipo de parásitos que más castigaban a los humanos. En el Neolítico predominan las enfermedades zoonóticas, provocadas por parásitos de origen animal como la tenia bovina (Taenia saginata) o la porcina (Taenia solium), el gusano gigante del riñón que, ocasional en los perros y muy raro en humanos, en el pasado tenía mayor incidencia que en la actualidad. Salvo en este caso, en casi todos los demás el origen de la infección era el consumo de carne o pescado crudos o poco cocinados.
Pero hace 3.000 años, en la Edad de Hierro, empieza un proceso que culmina en la época romana. En paralelo a la urbanización, se produce una paulatina retirada de las enfermedades zoonóticas y el predominio de parásitos relacionados con la higiene o falta de ella. Apoyado en excavaciones en una decena de países actuales tan dispares como Polonia o Israel y ciudades tan importantes como Roma, Pompeya o Parma, Mitchell establece un clasificación de parásitos.
Cualquier mejora para la salud aportada por las letrinas se vio superada por la práctica romana de fertilizar los cultivos con heces humanas". Piers Mitchell, antropólogo Universidad de Cambridge
En el primer puesto está el tricocéfalo (Trichuris trichiura), un gusano alargado cuyo hábito de alimentarse de sangre puede provocar serios cuadros de anemia y diarreas sanguinolentas. En un segundo lugar aparecen las Ascaris lumbricoides, o lombrices intestinales. En ambos casos, el origen de la infección está en la contaminación fecal de la comida y la ingesta de sus huevos. No lavarse las manos o usar heces humanas como abono serían las fuentes más probables.
"Sospecho que cualquier mejora para la salud aportada por las letrinas se vio superada por la práctica romana de fertilizar los cultivos con heces humanas recolectadas en las ciudades", comenta Mitchell. De hecho, las normas que obligaban a retirar las heces de las calles y la costumbre de usarlas para abonar los campos que rodeaban las ciudades eran el marco ideal para las infecciones.
En tercer lugar de los parásitos más comunes en tiempos de los romanos está la tenia de los peces (Diphyllobothrium latum). Este parásito, que llega al intestino tras consumir peces infectados, era relativamente frecuente en los yacimientos del Neolítico, en especial en el norte de Europa. Sin embargo, su incidencia se reduce a muy pocas pruebas en los siglos posteriores hasta que, con la civilización romana, vuelve a intensificarse. La causa bien podría estar en el garo, una salsa a base de vísceras de pescado fermentadas que los romanos usaban para sazonar la comida como los orientales hacen con la soja hoy en día. Fermentado al sol, los huevos de la tenia se expandieron por todo el imperio. 
El emperador Nerón decía que era fundamental calentar el agua para evitar la contaminación" Francesco Galassi, paleopatólogo Universidad de Zúrich
Pero los romanos conocían ya a los endoparásitos. Plinio el viejo escribe sobre las lombrices y tenias y remedios para combatirlas. También Quinto Sereno Samonico escribe sobre los gusanos intestinales en su Liber Medicinalis. "Había prescripciones higiénicas muy avanzadas pero no sabemos si eran muy seguidas en la práctica", comenta el paleopatólogo del Instituto de Medicina Evolutiva de la Universidad de Zúrich, el médico italiano Francesco Galassi.
"El emperador Nerón, por ejemplo, mantenía que era fundamental calentar el agua para evitar la contaminación y otras prescripciones alertaban sobre la comida en mal estado. Pero, claro, los microbios y los virus eran algo que los romanos no podían entender", recuerda Galassi, que no ha intervenido en la investigación de Mitchell.
"Los romanos no entendían las enfermedades infecciosas de la forma que lo hacemos nosotros ahora, así que no podemos presumir que levantaran letrinas para frenar la propagación de enfermedades", recuerda el arqueólogo británico. En todo caso Mitchell no ha perdido su fascinación por esta parte de la civilización romana: "Los saneamientos romanos aún tenían su utilidad", advierte Mitchell: "Los retretes venían bien para evitar que la gente tuviera que dejar la ciudad para ir a casa a hacer sus necesidades, los baños públicos debieron hacer que la gente oliera mejor y los acueductos minimizarían el riesgo de quedarse sin agua. Pero ninguna de estas cosas parece haber reducido el riesgo de infectarse con algún parásito".

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