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La guerra perfecta.

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La disolución del bloque soviético conllevó la necesidad de un replanteamiento de la estrategia global, mientras que la aparición de las llamadas guerras revolucionarias y la potenciación de la insurgencia, planteó la necesidad de un replantemiento táctico.

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En las guerras asimétricas que occidente está librando tanto en Iraq como en Afganistán, la dependencia de la tecnología es manifiesta. Os traemos un video extraordinario (sentimos la mediocre calidad de sonido y la publicidad incrustada, no hemos sido capaces de encontrar otro enlace) que, esperamos, provocará un interesante debate.

 

 

La guerra fría marcó el fracaso del modo occidental de hacer la guerra (veáse Historia de la guerra, de John Keegan, ed. Planeta 1995) y la necesidad de encontrar nuevos modelos.

Occidente se volcó en la tecnología y un aislamiento del factor humano que tan buenos resultados había dado en el siglo XIX y principios del XX.

Así mismo, la abstracción teórica de los analistas y el abandono de la parte empírica del proceso, exportando al terreno de combate esos modelos sin revisiones ni experimentación previa, han hecho que a su éxito o su fracaso se llegue por la vía dificil.

La muleta de la estrategia occidental es la tecnología: el abismo tecnológico que separa al soldado occidental de cualquier otro es impresionante. Sin embargo, la tecnología no es omnipresente y es el infante el que debe tomar el terreno, como siempre ha hecho y, probablemente, como siempre hará.

Es en esta ocupación del terreno donde las estrategias se confirman erróneas.

Tras el abrumador éxito en Afganistán, los talibanes vuelven a campar a sus anchas.

En Iraq, la salida del ejército norteamericano es difícil que dejé un pais en paz y con un modelo democrático occidental, como pretende EUA.

Si a esto añadimos la pérdida de Paquitán en la zona de influencia norteamericana con la caída de Musharraf, la victoria de los hermanos musulmanes en Egipto tras la primavera árabe, la muy posible toma de poder de los mismos en Libia, etcétera, nos muestran una estrategia occidental extraviada, encorsetada y limitada por sus propios dogmas de fe y que va a tener serios problemas de estabilidad en relación a su influencia en el mundo, si no es capaz de reinventarse.

La tecnología es un medio, y no un fin en sí mismo; la primacía de los intereses económicos empresariales y que los políticos y los militares de alta graduación se plieguen a los mismos, está provocando que las empresas privadas, inclusive las de análisis estratégicos como SMI en Londres (muy alejadas del Instituto de Investigación en Teoría Operacional, OTRI, israelí), muestran una grave carencia de los diversos Estados Mayores tanto en iniciativa como en capacidad.

 

Saludos.

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